La temporada de flechas rojas en los mapas ha comenzado.
Hay un run run en Ucrania. Con el hielo por fin derretido, el frente de batalla vuelve a activarse. Primavera, temporada de barro, rumores y flechas rojas midiendo direcciones y avances. ¿Qué ofensivas podemos esperar este año? Con las conversaciones de paz congeladas, Rusia ansía nuevos avances en el terreno, mientras Donald Trump aprieta fuera de la mesa de negociación. Quiere que Volodimir Zelenski regale el Donbás, antes incluso de que empiece su última gran batalla.
Sin embargo, después de tres años de lentos avances rusos (menos del 2% de Ucrania conquistado), Kiev vuelve a recuperar territorio. Unos 350 km² en el frente sur, la primera ganancia neta desde la contraofensiva fallida de 2023. La operación se apoya en el apagón de Starlink que sufren las tropas de Moscú. Un cambio bendecido por Elon Musk que dejó ciegas a muchas unidades rusas. El objetivo del ataque, según el presidente ucraniano, era frustrar la ofensiva del Kremlin en primavera. Por eso, la cantidad de kilómetros importa menos que el timing.
"Aunque los asaltos continúan, la intensidad y la magnitud no son las que su mando había prometido a los dirigentes políticos de Rusia", aseveró Zelenski a finales de marzo.
¿Qué esperar entonces en los próximos meses? La preparación de la batalla final por el Donbás.
Ucrania todavía controla cuatro grandes ciudades en esta región (Kramatorsk, Sloviansk, Kostiantinivka y Druzkivka) pero el llamado cinturón defensivo cada vez es más estrecho.
No solo porque Pokrovsk ha caído finalmente este 2026, tras dos años de combates, sino porque de las cuatro urbes bajo el poder de Kiev, las dos más alejadas ya están a tiro de la artillería rusa y sufren el acecho de los drones en sus avenidas. La que más papeletas tiene para caer en los próximos meses es Kostiantinivka, tras un año destruida, con bombardeos aéreos diarios e infiltraciones de infantería. Y a medio camino está Druzkivka, donde todo es escombro y peligro.
🤬 Russian Armed Forces drones using fiber optics are already flying into Kramatorsk. Pickup truck was destroyed. pic.twitter.com/yR3HCbKM7Q
— The Ukrainian Review (@UkrReview) October 5, 2025
Aun así, centros de análisis como el Instituto para el Estudio de la Guerra consideran "poco probable" que el ejército ruso conquiste la región en 2026. Las estimaciones más optimistas dan año y medio a Rusia. Las menos, hasta un lustro. Y el peor escenario no lo vaticinan en Kiev, sino en Moscú.
"Tal vez nosotros o el enemigo, tengamos algún plan astuto, un genio militar o un 'arma secreta' bajo la manga que cambie radicalmente la situación en el campo de batalla, pero como nadie la ha sacado en cuatro años, dudo que exista", lamentó Figtherbomber, uno de los canales de referencia en Rusia sobre la guerra, dirigido por un expiloto de las fuerzas aéreas rusas.
El exmilitar sugería frenar los asaltos para perder menos hombres, y pasar a una estrategia de caza con drones que debilite al ejército ucraniano, antes de seguir con los avances frontales. Sin embargo, todo indica que Rusia no cejará en su empeño. Putin reunió este jueves a grandes empresarios y oligarcas para que financien la invasión, según desvela el medio ruso The Bell.
"Seguiremos luchando", y "avanzaremos hasta las fronteras del Donbás", dijo el mandatario, antes de pedir aportaciones voluntarias a las arcas del Kremlin. Por mucho que la subida del petróleo y el gas dé aire, no resuelve el problema: las cuentas rusas en 2026 se tambalean.
La extorsión de Donald TrumpLa rendición del Donbás. Esa es la condición de Trump para garantizar la seguridad de Ucrania y terminar con la guerra. Es decir, facilitar en los despachos lo que Putin no es capaz de conquistar en el campo de batalla. Paz por territorio. Una cláusula imposible de aceptar para Zelenski porque ni la población civil ni el ejército aceptarían la retirada. El Donetsk bajo control ucraniano sigue siendo el dique de contención tras doce años de guerra y entregarlo, además, pondría a Rusia en una posición ventajosa para ataques futuros.
"(Trump) quiere que la guerra acabe rápido, nosotros también. Pero en este escenario, ‘rápido’ significa a costa de alguien; de rusos o ucranianos", respondió esta semana el mandatario ucraniano. "No aceptaré que esto termine a costa de los ucranianos".
La mala relación entre líderes no es ningún secreto. Pero la confianza entre administraciones también parece rota. Los desprecios de la Casa Blanca a Kiev son mayores y constantes desde el inicio de la guerra en Irán. Mientras los países del Golfo y Netanyahu llamaban a Zelenski en busca de drones interceptores y pilotos, Trump despreciaba la ayuda ucraniana.
"Sabemos más de drones que nadie. De hecho, tenemos los mejores drones del mundo", dijo en la Fox. Antes, el 3 de marzo, tuiteo: "El adormilado Joe Biden gastó todo su tiempo y el dinero de nuestro país, REGALÁNDOLO al P. T. Barnum (en referencia a un showman estafador estadounidense del siglo XIX) de Ucrania".
Un día más tarde, Caroline Lewitt, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, siguió con los insultos a Biden y las culpas a Ucrania: "Tuvimos un líder muy estúpido e incompetente en la Casa Blanca durante cuatro años que regaló muchas de nuestras mejores armas, gratis, sin pedir nada a cambio, a otro país muy lejano llamado Ucrania". Trump ha vuelto a la carga en más ocasiones. También su secretario de Defensa, Pete Hegseth. Y el último en sumarse ha sido Marco Rubio: "Varios líderes europeos han dicho que la de Irán no es su guerra, bueno… la de Ucrania tampoco es la guerra de América y hemos contribuido más que nadie a esa lucha".
Más allá de que la última afirmación es falsa –Europa ya ha superado la ayuda en gasto militar – parece más bien un discurso para criticar a sus aliados y justificar el desvío de 750 millones de euros que los socios de la OTAN iban a destinar a Ucrania. La exclusiva la destapó el Washington Post esta semana, y el dinero podría ir ahora a reponer los almacenes de EEUU. Esto no significa que el Pentágono se lo vaya a quedar, pero el sistema PURL, por el cual se adquieren estas armas para Kiev, permite priorizar las reservas estadounidenses en momentos de escasez y solo después, cumplir con las exportaciones.
De todos modos, los análisis reflejan que la conexión entre ambas guerras es limitada. Según el Centro para Estudios Estratégicos (CSIS), gran parte del armamento es distinto. Además, en los primeros días de campaña en Irán, Washington gastó alrededor de 15.000 millones de euros. Y unas semanas después, estima que el desembolso actual supera los 20.000. Unas cifras que hacen que los 65.000 millones en ayuda militar a Ucrania, en cuatro años, parezcan moderados.
Calculadoras y desplantes aparte, las últimas revelaciones destapan que dichos y hechos no van siempre de la mano. Washington ha terminado pidiendo ayuda a Ucrania para proteger sus bases en Oriente Medio. Primero fue la lluvia de Shaheds, y están llegando los drones kamikaze FPV. Aeronaves de apenas unos cientos de dólares que vuelan a sus anchas en diferentes instalaciones norteamericanas. La más humillante ha terminado en la destrucción de un helicóptero Black Hawk estadounidense valorado en 15 millones de euros en Irak.
An Iranian-backed militia carried out a successful FPV drone strike on Camp Victory in Iraq yesterday, successfully hitting multiple targets.Seen here, one of the FPV attack munitions hits a parked UH-60 Black Hawk. pic.twitter.com/ngY8td9ONZ
— OSINTtechnical (@Osinttechnical) March 25, 2026
Por eso en Kiev creen que la capacidad de presión estadounidense es limitada. Tanto en la restricción de armamento como en el pulso del Donbás. Otro indicador de que la guerra no va a detenerse. Putin no puede parar sin victoria y Ucrania necesita que el reloj corra lento. Solo así podrá aumentar su desarrollo tecnológico, cerrar nuevos acuerdos con inversores —como el de esta semana con Arabia Saudí—, continuar su expansión industrial en la UE y seguir sangrando a Rusia y su ejército, mientras confía en el cambio de Washington.
Y son precisamente los avances en Zaporiyia y la resistencia en el Donbás los que regalan ese tiempo al Estado ucraniano. Putin lo sabe y quiere forzar a Zelenski, negociando o luchando. Es la quinta primavera de la guerra. Un año más, la temporada de flechas rojas en los mapas ha comenzado.

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