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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- La clave pasa por saber si EEUU tendrá en cuenta los intereses de seguridad de la República Islámica", desarrolla.
Pese al acuerdo para los próximos 15 días, ya hay recelos, acusaciones, avisos y dudas.Irán denunció anoche la violación de tres puntos y en palabras del presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, "un alto el fuego o una negociación es inviable", subrayando además que "la profunda desconfianza histórica" que sienten hacia EE UU "se debe a sus reiteradas violaciones de todo tipo de compromisos, un patrón que se ha repetido una vez más".¿Es el alto el fuego endeble?¿Qué papel tiene Israel y qué puede conseguir cada parte en estas dos semanas?
Daniel Bashandeh, politólogo iraní, explica a 20minutos que no hay que dar nada por sentado. "Todo alto el fuego enfrenta tres problemas fundamentales: la confianza, el tiempo y el cambio de preferencias. Existe el riego que una parte ceda demasiado y la otra no cumpla en el futuro. Con lo cual, para que funcione se asume que debe existir cooperación mutua. Esto es un complejidad ya que de manera constante habrá un incentivo para que alguna de las partes decida no cumplir", expone, y asegura que en Irán los equilibrios de poder siguen sin estar claros, con lo que eso conlleva.
"El gran escollo es saber quién ejerce la autoridad final en Irán. La actual arquitectura de la República Islámica no se corresponde con el presente. La incertidumbre sobre el líder supremo añade dificultad ya que su estado actual es incierto y condiciona los cálculos de los demás actores. Por ello, estas negociaciones pueden servir para ir identificando a los interlocutores que puedan tener capacidad para influir en los temas y aquellos con capacidad de decisión final, para, finalmente, llegar a un hipotético acuerdo final", resume un Bashandeh que entiende que todo eso lo tiene EEUU en cuenta: "Lo que Trump no ha conseguido con la guerra quiere conseguirlo en el contexto actual con una presunta colaboración".
Sobre la mesa está también el elemento del uranio: la Casa Blanca insiste en que ya ha conseguido parar el enriquecimiento de los ayatolás en este sentido, pero el analista matiza. "Las partes siguen muy alejadas. La clave pasa por saber si EEUU tendrá en cuenta los intereses de seguridad de la República Islámica", desarrolla. "A partir de ahí, sin amenaza, se podría abrir una negociación del tema nuclear. De no hacerlo, muy probablemente Irán no ceda y la crisis continue. Sobre todo, por un factor desestabilizador, y es que Israel no tiene en cuenta" lo que puede necesitar Teherán en términos securitarios. Los intereses de Netanyahu, recoge Bashandeh, "son otros", y eso es algo que se ha visto desde el inicio del conflicto, sentencia.
¿Y la colaboración en Ormuz es realista? Bashandeh tampoco lo considera como algo firme, y de hecho públicamente ya se han visto las diferencias. "La colaboración con EEUU en este sentido significaría que Irán estaría cediendo control, algo que busca Trump para desactivar el poder de Irán en el estrecho. Esto sería un complejidad para la República Islámica ya que reduciría su principal activo en caso de reanudarse la guerra. Pero tampoco hay que olvidar a los países del Golfo Pérsico que buscarán tener capacidad de decisión y control para mantener la estabilidad del estrecho y su propia seguridad", concluye.
Fiable... pero no se sabe si duradero
El Almirante retirado de la Armada, Juan Rodríguez Garat, sostiene que hay que analizar la situación 'nueva' desde dos puntos de vista: para él este alto el fuego "sí es fiable" porque demuestra que ni Estados Unidos ni Irán "tenían muy claro" cómo seguir la guerra. Además, añade que el Gobierno de Benjamin Netanyahu lleva días dejando claro que su foco está en el Líbano y no tanto en lo que pueda suceder en Irán. en el contexto actual, Garat no lo asume como una buena base para un acuerdo definitivo. "La guerra no ha arreglado mucho, pero los dos lados han visto el abismo y probablemente se resignarán al statu quo", comenta.
Por su parte, Daniel Gil, analista en The Political Room, expone a este medio que todo es "muy difícil de prever" y que sea sólida o no al menos hay una "base para el entendimiento". El escenario sigue siendo complicado, pero sí existe un elemento clave que permite cierto optimismo, dice el experto: "Ambas partes comparten el interés en poner fin a las hostilidades" porque, en realidad, el conflicto no beneficiaba ni a Washington ni a Teherán.
Desde la perspectiva estadounidense,la decisión responde a la necesidad de salir de un callejón sin salida estratégico
"Desde la perspectiva estadounidense, la decisión responde a la necesidad de salir de un callejón sin salida estratégico. La superioridad militar no era suficiente para lograr objetivos como un cambio de régimen sin asumir el alto coste político, humano y militar de desplegar tropas sobre el terreno, algo especialmente sensible en un contexto electoral", argumenta Gil.
Por su parte, Irán busca, dice, "la autopreservación del régimen", es decir, su supervivencia y su continuidad, algo en lo que Gil coincide con Bashandeh. "Los ataques a infraestructuras energéticas y el peso de las sanciones amenazaban con erosionar su economía y su legitimidad, por lo que frenar la escalada también resulta beneficioso".
En ese contexto, la cuestión del uranio será además decisiva en caso de una negociación más profunda a futuro, algo que se puede dar a corto plazo si se atiende a las explicaciones de Pakistán, que ejerce como mediador. Gil asume que hay que tener claro qué se mira cuando se habla del uranio: "Hay que ver no solo la capacidad futura de enriquecerlo, sino también el destino y el estado del uranio ya enriquecido. Este punto marca la diferencia entre un programa nuclear civil y uno con potencial militar, y será probablemente el aspecto más difícil de acordar, dado que Irán no quiere renunciar a él mientras que Estados Unidos considera inaceptable que lo conserve".
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