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"Influye en la gobernabilidad y el marco regulatorio."
- En otras iniciativas de gran envergadura, como el manejo de la crisis de los combustibles, también se escucharon voces críticas dentro del oficialismo por no haber hecho mayores esfuerzos para evitar traspasar un alza tan fuerte a los consumidores.
Por estos días también se han visto públicas discrepancias en torno al proyecto de ley “Escuelas Protegidas”, donde el Ejecutivo propuso una serie de sanciones para alumnos que incurran en conductas graves o violentas, entre ellas la pérdida de la gratuidad en educación superior. El diputado Diego Schalper (RN) ha entablado en paralelo conversaciones con parlamentarios opositores, bajo el pretexto de que con ello se buscan los votos para aprobar dicha iniciativa, pero a su vez ha hecho ver algunas diferencias con la propuesta del gobierno, lo que ha desatado la molestia de la UDI. En otras iniciativas de gran envergadura, como el manejo de la crisis de los combustibles, también se escucharon voces críticas dentro del oficialismo por no haber hecho mayores esfuerzos para evitar traspasar un alza tan fuerte a los consumidores.
No cabe duda de que la partida del gobierno ha sido compleja, donde se han cometido una serie de “autogoles” que han resentido rápidamente la popularidad de la gestión del Presidente Kast, revelando deficiencias en la gestión política y problemas en la forma de comunicar a la ciudadanía. Probablemente algunos parlamentarios también han resentido que la toma de decisiones en La Moneda parece estar por en el contexto actual muy encapsulada, sin una suficiente sensibilización de los proyectos. Estas dificultades han llevado a una suerte de “partida en falso” del gobierno, y aunque ello hace inevitable que se hagan ver estas fallas con miras a su corrección, el hecho de que algunos personeros oficialistas hayan optado por ventilar públicamente sus diferencias, en vez de formularlas en forma reservada, transmite la impresión de un conglomerado no suficientemente ordenado en torno a su propio gobierno, con los primeros signos de indisciplina o afanes por buscar el protagonismo propio, que se resumen en una falta de lealtad. Cierto es que la lealtad también es decirle al propio gobierno que las cosas no van bien, pero deja de ser un acto leal cuando ello se hace públicamente; lo verdaderamente leal es hacerlo puertas adentro.
Lo cierto es que esa manera de actuar es, en realidad, un verdadero disparo en los pies, puesto que sin esa adhesión básica es imposible que el gobierno como un todo pueda funcionar ordenadamente.
Las fuerzas de gobierno no deberían olvidar que la razón por la cual la ciudadanía les brindó un amplio apoyo es para terminar con el desorden que se observaba en el país, de forma que contar con un rumbo claro permita un mayor crecimiento y seguridad. Para ello el oficialismo cuenta con condiciones históricamente inimaginables para la derecha, que esta vez le permiten gobernar en buena medida con sus propios votos y en favor de su propio programa de gobierno: el Presidente Kast fue elegido con una robusta mayoría; en la Cámara de Diputados las fuerzas de derecha y sus aliados lograron 76 votos, es decir, quedaron a solo dos votos de la mayoría simple; en el Senado, en tanto, las fuerzas están prácticamente empatadas, a lo que se suma que tanto la presidencia de la Cámara de Diputados como del Senado están en manos de la derecha.
Sería un grueso error político de las fuerzas de derecha desperdiciar esta oportunidad, porque lo peor que le puede ocurrir a un gobierno es que comience un desorden y una temprana desafección al interior de sus propias filas parlamentarias y de los partidos, lo que es un pase seguro al descrédito del gobierno y la pérdida de la agenda con que pretende estabilizar al país, prolongando la incertidumbre que los chilenos justamente querían dejar atrás.
Basta con mirar lo que ha sido la experiencia de los últimos gobiernos para darse cuenta de las implicancias que conlleva la indisciplina y falta de lealtad básica. El segundo gobierno de la Presidenta Bachelet, por ejemplo, logró conquistar la mayoría parlamentaria simple, lo que anticipaba que podría desplegar sin mayores contratiempos parte sustancial de su agenda, pero finalmente terminó siendo un período con muchas fracturas políticas. El segundo gobierno del Presidente Piñera también estuvo marcado por fuertes desafecciones de su propio sector, que lo llevaron en los momentos más álgidos del llamado estallido social a registrar un mínimo de apoyo en las encuestas y al desorden completo de la agenda legislativa, al punto que con votos de derecha se aprobaron los retiros previsionales, abriendo una puerta que ha dañado mucho al país y que ha costado mucho cerrar. En el gobierno del Presidente Boric también se pueden contar numerosos casos donde parte de sus fuerzas parlamentarias tomaron una postura crítica y fueron en contra de la agenda del propio gobierno, tal como ocurrió en algunos temas de seguridad, lo que terminó por hundir a dicha administración.
Un buen gobierno no solo depende de que el Ejecutivo cumpla bien con su papel, sino también descansa críticamente en que los parlamentarios y los partidos también ejerzan correctamente su propio rol, que es darle sustento y piso a su propio gobierno, y no tornarse tempranamente en “fuego amigo”. en el contexto actual que el Ejecutivo presentará su proyecto de reactivación -que es la piedra angular de esta administración- será la oportunidad para comprobar si se han internalizado estas lecciones.
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