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- El viernes pasado, el ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi , anunció que Japón volverá a exportar sistemas de armas ofensivas.
En la práctica, el boicot de los tres vastos archipiélagos evita una toma de partido explícita por parte de Mozambique y Sudáfrica, vecinos de Eswatini. Además, el presidente mozambiqueño, Daniel Chapo, se entrevistaba el martes con su homólogo Xi Jinping en Pekín.
Quien se lleva un disgusto es el rey Mswati III, puesto que Lai iba a ser su invitado de honor durante cinco días, en el 40 aniversario de su entronización. El monarca absoluto de Eswatini (antigua Swazilandia), que prohíbe los partidos políticos, está en deuda con la República de China y su cooperación. No en vano esta mantiene una de las dos únicas embajadas en pie en su capital, Mbabane, con el añadido de que la otra, la de Sudáfrica, se aloja en realidad en un centro comercial.
En Taipéi se preguntan si su “ministerio de Exteriores” se excedió a la hora de vender el modesto viaje de Lai. Once países, decía, iban a abrirle las puertas del continente africano. A la hora de la verdad, solo Somaliland -que nadie reconoce, excepto Israel- y solo en redes. Un logro contraproducente.
Lai Ching Te parece gafado, puesto que su anterior viaje oficial, previsto el año pasado a Guatemala, Belice y Paraguay, también tuvo que ser suspendido. Coincidió con el momento más tenso en el pulso arancelario entre Donald Trump y Xi Jinping y el presidente estadounidense no quiso arruinarlo con la escala prevista de Lai en Nueva York. De hecho, tras dos años en el poder, el presidente taiwanés -también conocido como William Lai- solo ha conseguido realizar un tour diplomático. El que le llevó a tres microestados insulares del Pacífico: Palau, Islas Marshall y Tuvalu, que apenas suman 69.000 habitantes.
Mientras tanto, la jefa de la oposición y del Kuomintang, Cheng Li Wun, se reunía hace doce días con el presidente de la República Popular de China, Xi Jinping -en la primera visita de ese nivel político en una década- Lai debe contentarse con visitas a actores secundarios, que encima acaban siendo canceladas. “Por coacciones económicas de Pekín”, asegura respecto al último fiasco un portavoz de Taipéi.
Desde el Gabinetes de Asuntos de Taiwán del gobierno chino se niega. “No ha habido nada de eso, solo buscan tapar el ridículo que han hecho”. Este portavoz agradece el apoyo de África prácticamente en pleno a “una sola China”. Hoy en día, la penetración económica y diplomática de Pekín es inmensa. Pero no de manera constante fue así. Hace treinta años, todavía había once estados africanos que reconocían a la República de China como la verdadera China, entre ellos Sudáfrica. Nelson Mandela cambió de bando. Uno de los más modestos era Eswatini (hoy, con un millón de habitantes). Pero esa modestia no impidió a la anterior presidenta taiwanesa, Tsai Ing Wen, visitar dos veces dicha monarquía absoluta, objeto de su cooperación.
Que William Lai no consiga hoy lo mismo que su predecesora muestra que la relación con la otra China ha seguido deteriorándose, mientras Pekín continuaba aumentando su influencia en África. El viaje de Lai parecía condenado, una semana antes de que China oficialice la exención total de aranceles a los productos de 53 países africanos. Todos, menos Eswatini.
Sin embargo, la práctica ausencia de reconocimiento diplomático no es el fin del mundo. EE. UU. sigue armando hasta los dientes a la República de China. Y cobrándoselo. Este mes, con nuevos contratos de armamento firmados por 5690 millones de dólares. Asimismo, el viernes pasado fue el día elegido por Japón para mandar cruzar el estrecho de Formosa -que Pekín no considera que sean aguas internacionales- a uno de sus destructores. Nada menos que el aniversario de la humillante cesión de Taiwán a Japón por parte de la dinastía Qing, en 1895, tras perder la guerra sino-japonesa.
China replicó el domingo pasado mandando a una flotilla, que incluía un destructor y una fragata, a surcar las aguas entre las islas japonesas de Amami y Yokoate. Este miércoles volvieron a escurrirse entre islas del mismo archipiélago de Okinawa, a su regreso, mientras más al norte, en el santuario de Yasukuni - más de 120 diputados japoneses ofrecían sus respetos al militarismo de sus antepasados, con la propia primera ministra, Sonae Takaichi -que hace seis meses amagó con intervenir militarmente en Taiwán en caso de agresión comunista- mandando dinero al templo del militarismo.
El viernes pasado, el ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, anunció que Japón volverá a exportar sistemas de armas ofensivas. Así que se admiten apuestas sobre cuál será la próxima línea roja que se saltará Tokio. Una primera ministra en ejercicio visitando Yasukuni -en privado se ha cansado de hacerlo- o autorizando la venta de armamento sofisticado a Taiwán.
Web polémica en redes chinas
El Barça elimina una bandera de Taiwán que se coló en su academia y pide disculpas
Ni el FC Barcelona se libra de la polémica. Este mismo miércoles, el club eliminó una imagen en la web de su academia internacional de fútbol en que aparecía una bandera de Taiwán. También pidió disculpas a través de la red social Weibo -alternativa china a X- tras el revuelo provocado en las redes. La foto correspondía al torneo Barça Academy Asia-Pacific Cup 2025, que el año pasado juntó a menores de 13 años procedentes de varios territorios asiáticos, entre ellos Taiwán. El Barça tuvo que explicar que la Masia -plantel del Barça- y la citada academia son cosas distintas y que la web de esta está “gestionada por terceros”. Aun así, aseguró que investigaría cómo la foto llegó ahí y prometió mecanismos de supervisión para que no vuelva a ocurrir. El club respeta el principio de “una sola China” y su “integridad territorial”, según reproducen medios chinos.
Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.




