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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Aunque ayer se anunció una tregua de dos semanas acordada por Washington y Teherán para buscar un acuerdo de paz que, de momento, ha dado un respiro a los precios del crudo.
La entidad publicó este miércoles 8 de abril la actualización de su informe Panorama Económico para Latinoamérica y el Caribe.
Incluye la actualización de la previsión de crecimiento para el 2026, la cual, para la mayoría de las grandes economías de la región, es inferior —entre medio punto y un punto porcentual— si se compara con los avances registrados el año pasado, aunque algunos países más pequeños también las previsiones son menores con respecto del 2025, mantienen las proyecciones para el 2026 divulgadas en enero del presente año.
Guatemala
Con esta actualización, el Banco Mundial mantiene la perspectiva de crecimiento del 2026 para Guatemala en 3.7%, como ya la había proyectado en su informe de inicios de año, en enero último.
En el 2025 la situó en 4.2%, y para el 2027 prevé 3.8%.
Según este informe actualizado, para El Salvador prevé en el 2026 un crecimiento de 3.2% (en el informe de enero se ubicaba en 3.0%); Costa Rica, 3.6% (se mantiene igual que a inicio de año); Honduras, 3.4% (baja 0.1, ya que se preveía 3.5%); Nicaragua, 3.4% (subió 0.4%), y Panamá, 3.9% (en enero la previsión estaba en 4.1%).
Según el documento de abril emitido por el BM, en Centroamérica el crecimiento sigue siendo robusto en países como Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Honduras, lo que refleja una combinación de remesas, exportaciones de servicios y una creciente integración en las cadenas de valor regionales.
Detalla que Costa Rica se sigue beneficiando de servicios de alto valor, dispositivos médicos e inversiones relacionadas con el nearshoring. Mientras que El Salvador refleja un crecimiento sostenido basado en mejoras en las condiciones de seguridad, la formalización y el entorno macroeconómico más predecible, que conlleva mayor turismo, comercio minorista e inversión en sectores transables, apoyados por flujos de remesas que han impulsado la liquidez doméstica y reducido restricciones al crecimiento de larga data.
Efecto del conflicto
Según refiere el BM en su nuevo informe, desde el 2023 la normalización de los precios internacionales ha contribuido a una amplia disminución de las presiones inflacionarias en toda la región.
Sin embargo, señala que los desarrollos recientes relacionados con el conflicto en Medio Oriente introducen una incertidumbre adicional para las economías del Caribe y Centroamérica, a través de distintos canales.
Esa exposición a los efectos varía según la posición del país en los mercados energéticos y de alimentos. Además, para economías cuyos modelos de crecimiento dependen en gran medida de los servicios —especialmente el turismo—, los cambios en la demanda global, los costos de los viajes aéreos y un entorno global a corto plazo más cauteloso representan una fuente adicional de vulnerabilidad, añade el informe.
“Donde estos canales se cruzan, los shocks externos pueden agravarse, subrayando la sensibilidad de las perspectivas de crecimiento ante los desarrollos globales y reforzando la importancia de políticas que construyan resiliencia, diversificación y colchones adecuados”.
El economista jefe para Latinoamérica y el Caribe del BM, William Maloney, manifestó en la conferencia de este miércoles, respecto a la crisis actual en Medio Oriente, que algunos países están haciendo políticas para moderar el impacto de los precios del petróleo de en la población, lo cual también va a impactar el área fiscal, entre otros factores que mencionó.
Otros países
El BM espera que Argentina crezca 3.6%; Brasil, 1.6%, y Colombia, 2.2%.
En el caso de México se prevé que crecería siete décimas más, hasta 1.3%, gracias, en parte, a la recuperación de la inversión.
Factores
“Los índices de deuda pública se han estabilizado tras el repunte posterior a la pandemia de COVID-19, pero siguen siendo elevados en comparación con estándares históricos”, explica el informe del BM, en referencia a déficits fiscales y niveles de deuda soberana.
Entre los factores que están frenando la inversión privada y la creación de empleo se cuentan en el contexto actual las tendencias alcistas de los precios derivadas del actual conflicto en Medio Oriente.
Serán las economías más dependientes de las importaciones de crudo, y también aquellas que ya registraban mayores presiones inflacionarias antes de febrero, las que están más expuestas a los efectos de la guerra, contó Maloney a la agencia EFE.
“Todos estos pronósticos dependen enormemente de cuánto dure la guerra”, señaló por su parte Maloney. Aunque ayer se anunció una tregua de dos semanas acordada por Washington y Teherán para buscar un acuerdo de paz que, de momento, ha dado un respiro a los precios del crudo.
Un capítulo del informe del BM señala, a su vez, que la frustración con el bajo crecimiento y la falta de creación de empleo de calidad ha impulsado, tanto en Latinoamérica como en países de ingresos bajos y medios de otras regiones, un renovado interés por la política industrial como herramienta de desarrollo.
Sin embargo, insta a la cautela y subraya que, para evitar errores pasados, cualquier nueva política industrial debe concebirse sobre todo como “política de aprendizaje”.
Entre las recomendaciones en este terreno, además de un mayor fortalecimiento institucional, se menciona la necesidad de reducir brechas en materia de capital humano o profundizar el acceso a financiamiento y fortalecer marcos de insolvencia para que las empresas “puedan asumir riesgos y crecer”.
En lo referente al potencial que plantea la industria de los minerales críticos en la región, Maloney subrayó la importancia de que esta debe ser un área más “intensiva en términos de conocimiento” y puso como ejemplo el desarrollo del sector petrolero noruego, que, a partir de las reservas que comenzó a explotar en los setenta, ha establecido todo un compendio derivado de capacidades de investigación y desarrollo.
“No es solo lo puramente extractivo, tiene que ver con qué haces con ese potencial”, añadió, con respecto a la necesidad de que la región comience a absorber nuevas tecnologías industriales.
En el documento también hay un llamado a impulsar una mayor integración comercial en Latinoamérica y el Caribe, un reto que, según Maloney, empieza por la propia geografía de una región que es “difícil de conectar” y que cuenta con muchas regulaciones en términos transfronterizos que precisamente “retrasa el poder atravesar fronteras”.
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