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"Impacto directo en el bienestar y seguridad sanitaria."
- “Yo había trabajado en casi todos los pasos de la comida…, pero en ningún escenario había observado realmente el suelo ni su valor clave”, dice.
“Llegué en 1983… tenía como un año y medio. Mi mamá me llevó muy pequeña, no se quiso separar de mí. Ella salió de aquí, de la capital de Guatemala”, recuerda, en entrevista desde Atitlán, donde reside por temporadas, para después volver a California.
La infancia de Karen transcurrió en Estados Unidos, pero los primeros años estuvieron marcados por una experiencia difícil de enfermedad. “Estuve en el hospital por múltiples años… me trataron desde los dos años hasta los doce”, cuenta. Durante mucho tiempo, los médicos no lograban entender la causa. “Finalmente descubrieron que se trataba de leucemia”.
Sanar, crecer, aprender
Mirando hacia atrás, Karen entiende que aquel desafío de salud a temprana edad despertó muy pronto una inquietud profunda. “Eso me hizo preguntarme muy rápido qué quiere decir salud… qué significa realmente estar sano”.
Creció en Estados Unidos, construyendo su vida entre culturas, idiomas y experiencias distintas. Sin embargo, esa pregunta fundamental sobre la salud y la vida siguió acompañándola durante años.
La respuesta, curiosamente, no aparecería en un hospital ni en un laboratorio. Llegaría mucho después. “Empecé a observar algo que la mayoría de las personas en ningún escenario mira con atención: el suelo. Porque de él vienen los alimentos, los vegetales, los minerales, los nutrientes”. Y si su paso de la niñez a la adultez fue sanar, crecer y aprender…, en los siguientes años su acción a favor de la tierra transformó su ciclo en aprender, crecer y sanar.
El suelo: un universo bajo nuestros pies
Cuando tenía 20 años, Karen comenzó a trabajar en restaurantes especializados en gastronomía consciente y orgánica en California. Aquella experiencia le permitió comprender mejor el sistema alimentario.
“Para que una sola persona tenga comida en su plato, participan como dieciséis personas en toda la cadena”, explica. Agricultores, transportistas, productores y cocineros forman parte de un proceso complejo que hace posible algo cotidiano: comer.
Pero durante mucho tiempo había una pieza fundamental que casi nadie mencionaba. “Yo había trabajado en casi todos los pasos de la comida…, pero en ningún escenario había observado realmente el suelo ni su valor clave”, dice.
Ese descubrimiento cambiaría su perspectiva para de manera constante. Cuando comenzó a estudiar cómo funciona la tierra agrícola, Karen descubrió un universo invisible lleno de vida. “El suelo está diseñado para la nutrición, para la abundancia, pero a menudo se le trata mal”, explica.
Debajo de nuestros pies existe un sistema complejo de microorganismos, bacterias y hongos que permiten que crezcan las plantas y que los ecosistemas se mantengan saludables. “El suelo tiene microorganismos, tiene azúcares, tiene hongos… tiene ciclos completos de vida”, afirma.
Esa comprensión la llevó a involucrarse en proyectos comunitarios de regeneración de suelos en Los Ángeles.
"Las culturas indígenas me inspiran más que nada en mi trabajo. Durante siglos han guiado a sus comunidades con reverencia por la semilla, el alimento, la tierra y la unidad de su pueblo para vivir y vivir con lo suficiente para todos": Karen Daniela Rodríguez, migrante guatemalteca, directiva de Kiss the Ground. Ilustración elaborada con IA a partir de una foto de una conferencia de Karen Rodríguez.
Cuando la tierra también puede sanar
Uno de esos proyectos ocurrió en un pequeño terreno urbano. Cuando analizaron el suelo por primera vez, descubrieron que estaba contaminado con plomo, un complejidad común en muchas ciudades estadounidenses. Pero, en lugar de desalojar el lugar, decidieron iniciar un proceso de regeneración. “Empezamos a sembrar girasoles y otras plantas que ayudan a sacar las toxinas del suelo”, recuerda.
Durante cinco años trabajaron en ese pequeño jardín urbano. Lo que ocurrió fue más allá de lo agrícola. “La regeneración del suelo hizo que la comunidad también se regenerara”, dice. Así, de esas experiencias y conversaciones nació una organización que hoy tiene impacto internacional: Kiss the Ground, dedicada a promover prácticas de agricultura regenerativa.
El nombre surgió de un verso del poeta sufí Rumi. “Hay mil maneras de arrodillarse y besar la tierra”, recuerda Karen. Cuando escucharon esa frase, supieron que resumía perfectamente la filosofía del movimiento.
Contar una nueva historia sobre la tierra
Desde entonces, Karen ha dedicado más de una década a explicar por qué el suelo es fundamental para el futuro del planeta, también en Guatemala. Su trabajo consiste en traducir ciencia compleja a un lenguaje accesible para comunidades, agricultores y consumidores.
“Nuestro trabajo es encontrar nuevas formas de contar la historia del suelo”, explica. Según dice, muchas personas solo ven el valor económico inmediato de la tierra. “Muchas veces la gente solo ve el valor económico inmediato de la tierra…, pero no ve todo el sistema de vida que existe allí”.
El gran sueño de Karen Rodríguez y el de quienes integran Kiss the ground es una agricultura sostenible que permita una nutrición saludable para todos los habitantes. "Mi reverencia por la vida es la razón por la que hago este trabajo, y la posibilidad de otro día en el que esas cosas puedan suceder —y muchas otras cosas hermosas, dolorosas o incluso aburridas—, así como la posibilidad de regeneración para nuestra humanidad y nuestros sistemas, es lo que me hace levantarme cada día". expresa. Ilustración IA a partir de un retrato de Karen Rodríguez.
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