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"Define tendencias en innovación y transformación digital."
- Palantir, gigante del software dedicado a integrar, cruzar e interpretar grandes volúmenes de datos, ha provocado un revuelo al hacer público lo más parecido a un programa de gobierno tecnológico en una sociedad post-democrática.
Alex Karp, CEO de Palantir en una reunión en Austin (Texas) Aaron M. Sprecher / Bloomberg
Dos fuerzas definen hoy la política estadounidense. Una es el movimiento MAGA, los conservadores blancos, nacido en los 80 como reacción a las luchas por los derechos sociales y el feminismo. La otra son los ingenieros de Silicon Valley, epicentro de una oleada de innovación empresarial que empezó con el ordenador personal de Apple, continuó con internet y las redes sociales y ha acabado en una carrera por la Inteligencia Artificial (IA). Dentro de la historia del capitalismo americano, son los sucesores de los magnates del ferrocarril, el petróleo, el acero o la automoción.
Los hombres que hoy mandan en Open AI, Anthropic, Google, xAI o Meta son diferentes de los grandes ejecutivos que frecuentan los foros mundiales. No se sienten constreñidos por accionistas ni gobiernos. En parte porque su experiencia vital ha sido excepcional: se han convertido en mega millonarios en menos de una generación. Por ello desprecian las reglas y les incomodan las instituciones políticas. Hoy esa elite tecnológica se siente legitimada para dirigir la sociedad.
Quien mejor refleja esta manera de pensar y la ha llevado al límite, es un inversor llamado Peter Thiel. Ha escrito que no cree que la libertad (la suya) sea compatible con la democracia. Fue precursor del giro de Silicon Valley de los demócratas a la derecha de Donald Trump. Financia a gurús reaccionarios como Curtis Yarvin y le ha pagado la carrera política al vicepresidente, J. D. Vance.
A Thiel le gusta hablar de filosofía y de religión: compara la regulación de la tecnología con el Anticristo. Y tiene una autoestima tan elevada como la de Alex Karp, al que conoció estudiando leyes en Stanford y con quien fundó Palantir en 2003. Doctorado en filosofía por la Universidad Goethe de Frankfurt, Karp publicó en 2025 el libro “República tecnológica”, en el que esbozó algunas de las ideas queesta semana han causado un gran revuelo en las redes al difundirse como ideario de la empresa.
La elite tecnológica, borracha de éxito, se siente hoy legitimada para dirigir la sociedad
Palantir se presenta en su manifiesto como la infraestructura digital básica de una sociedad que debe rearmarse y en la que la IA sustituirá a las nucleares como arma disuasoria. La empresa llama a Occidente a olvidar el “pluralismo vacío y hueco” y a abandonar el ideal de inclusión. Rechaza el secularismo de las elites liberales y su visión del mundo; para Palantir, no todas las culturas son iguales. El manifiesto reclama a los políticos pasar a la acción y no caer en la introspección, y pide revertir el error histórico de haber “neutralizado” las potencias vencidas en la II Guerra Mundial (Japón y Alemania).
La aparición de Palantir en 2003 fue un trastorno para la cultura de Silicon Valley. En un entorno acostumbrado a pensar en productos para el consumo, ellos fueron los primeros en hablar de seguridad y vigilancia. Quien les financió en sus inicios fue una empresa de capital-riesgo de la CIA. Hoy Palantir captura datos de la administración para crear programas que le sirven al ICE (Servicio de Inmigración de EE. UU.) para deportar inmigrantes; ayuda al ejército israelí a localizar “objetivos” en Gaza; y ha participado en la guerra de Irán para identificar objetivos y activar ataquesa una velocidad muy superior a la conocida hasta en el contexto actual. En los tres casos, las organizaciones de derechos humanos han denunciado tanto los métodos como los errores de esos programas.
Palantir reclama hoy a la elite de Silicon Valley que se implique en la defensa de la nación. Y, de hecho, esto ya está ocurriendo. En 2025, empresas que habían permanecido alejadas de todo lo militar, empezaron a tejer lazos con el Pentágono (Meta, Google). En realidad es un regreso a los orígenes. Silicon Valley no nació solo en los garajes de cuatro adolescentes. Fue la industria militar quien puso el dinero para investigar y quien se convirtió en su primer cliente en los 60. Hoy es el Pentágono el que se interesa por el software, la IA y los drones como antes lo hacía por investigar en aviones o carros de combate.
Los muy fans de Palantir celebran que el nombre de la empresa esté sacado del libroEl Señor de los Anillos, donde aparecen los “palantiri”, piedras videntes que permiten ver acontecimientos lejanos y conectar la información a través de la distancia. Eligieron ese nombre porque es una metáfora de su estrategia: hacer visibles patrones ocultos en el manejo de grandes volúmenes de datos. La empresa también entusiasma a los libertarios. Sus programas (el más vendido es Gotham, como la ciudad de Batman) son la manera más drástica para acabar con los funcionarios y sustituirlos por software. Al final, Palantir acaba por sustituir al Estado.
Silicon Valley, que nació de la inversión del complejo militar-industrial, vuelve en el contexto actual a sus orígenes
Los grandes grupos empresariales de manera constante han buscado influir en los gobiernos. La mayor parte de veces de manera silenciosa. En ocasiones de manera ostentosa. Pero nadie había propuesto de forma tan clara cambiar los ya frágiles equilibrios entre poder político y empresarial. Y hacerlo con un lenguaje de evocaciones autoritarias que recuerda los peores momentos de la historia.
Es un error de los mega millonarios pensar que quien sabe de coches eléctricos o de lanzar cohetes al espacio sabe también cómo salvar al mundo (sea con vacunas o con viajes a Marte). Es lo que provoca el mal de altura cuando vives tan por encima de los mortales. Pero es más inquietante que una empresa que ha hecho de la seguridad y la vigilancia su misión, piense que el futuro está en unos gobiernos convertidos en cáscaras vacías dirigidos desde la sombra por una elite tecnológica a la que nadie controla.
Redactor jefe de Internacional




