El alto el fuego pactado por Irán y
Estados Unidos silenció los bombardeos a gran escala contra los iraníes y el lanzamiento de misiles contra Israel, pero las armas no callaron durante una primera jornada marcada por el baño de sangre provocado por Israel en Líbano. A las pocas horas del anuncio de
Donald Trump sobre el cese de hostilidades y la confirmación del ministro de Exteriores,
Abbas Aragchi, la compañía nacional iraní de petróleo denunció un ataque contra refinería situada en la isla de Lavan. La
Guardia Revolucionaria advirtió que no tiene «ninguna confianza» en las promesas de Washington, manifestó que su «dedo está en el gatillo» y se produjeron ataques en
Arabia Saudí,
Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Kuwait. A la espera del comienzo del diálogo en Islamabad, todas las miradas se dirigieron a Ormuz, por donde volvieron a salir sólo barcos de países no enemigos y con el permiso previo de Teherán. El régimen clamó victoria tras anunciar la tregua de dos semanas y las calles de Teherán se llenaron de iraníes que gritaron «¡muerte a
Estados Unidos, muerte a Israel!» Tras 40 días de duros bombardeos, Irán resistió las amenazas de un Trump que aceptó la propuesta de 10 puntos presentada por la república islámica como una «base viable sobre la que negociar» un final duradero de la guerra, después de haber exigido durante semanas la «rendición incondicional» del enemigo.