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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Por un lado, llegará a su reunión con Xi Jinping como abanderado del enfrentamiento contra Donald Trump entre los países occidentales.
Por otro, aparecerá en la capital del Imperio del Centro con su "apuesta por la paz" en Teherán, de cuyo Gobierno ha recibido felicitaciones en este mes largo de guerra, al reabrir la embajada sólo 24 horas después del frágil alto el fuego.
Y finalmente, con lo más trabajado en estos años, su bronca diplomática con Israel en todo lo alto.
Este viaje se ha convertido ya en una especie de ritual anual con el presidente chino. Y cada una de sus visitas ha ido cargando de significado geopolítico una relación que se aleja del prudente "derisking" europeo y se acerca al tablero de los BRICS.
Esta nueva visita llega con España rectificando su autoexclusión del bloque democrático occidental a partir de la tregua entre Washington y Teherán, pero en abierta confrontación con la guerra de Trump y Benjamin Netanyahu.
Sánchez se presenta ante Xi como el jefe de Gobierno occidental que abandera el "no a la guerra" y que se desmarca de los comunicados más duros de sus socios atlánticos.
Tres ejes
El primer eje que rodea este viaje es la secuencia de visitas a China. Desde 2023, Sánchez ha volado a Pekín cada año: primero, en pleno debate europeo sobre cómo reducir riesgos con China. En noviembre de 2024, la UE preparaba aranceles a los coches eléctricos chinos mientras él ofrecía a las marcas asiáticas instalar fábricas en España.
En 2025, con un Trump que en su primer día en la Casa Blanca acusó a la España de Sánchez de ser "miembro de los BRICS". en el contexto actual, en 2026 completa el mensaje de continuidad ante Xi: España es un socio que no sólo busca inversiones, sino que rompe con la disciplina tradicional de la OTAN.
El segundo eje es Irán. Tras los agasajos de la República Islámica al presidente español por acusar a Trump y Netanyahu de "una guerra ilegal", la reapertura exprés de la embajada española en Teherán se vende como contribución a la paz.
José Manuel Albares ordenaba este mismo jueves el "regreso inmediato" del embajador con el argumento de que, "dada la nueva situación" y el breve plazo de la tregua, España debe estar presente "en todos los vectores posibles".
El régimen terrorista iraní vuelve a ejecutar a sus propios ciudadanos: manifestantes y opositores políticos.
— Gideon Sa'ar | גדעון סער (@gidonsaar) April 9, 2026
España reabre su embajada en Teherán.
Van de la mano. Sin pudor.
Para vergüenza eterna. pic.twitter.com/Z0v0Mj4F9T
El tercero es Israel. Mientras se refuerza la interlocución con Teherán, Madrid retiró recientemente y de manera definitiva a su embajadora en Tel Aviv, Ana Sálomon.
La relación con el Gobierno de Netanyahu permanece congelada en el nivel de encargados de negocios, en paralelo a una escalada de reproches públicos en redes sociales y declaraciones oficiales.
Uno, dos, tres, cuatro
La concatenación de los cuatro viajes a China explica buena parte de este giro. El primero, en 2023, llegó cuando la Comisión Europea y varias capitales defendían la estrategia de derisking frente a China, una versión comunitaria del 'decoupling' que propugnaba Joe Biden.
Sánchez eligió mostrarse disponible para Xi justo en el momento de máximas tensiones entre Bruselas y Pekín. De hecho, la noticia se conoció en pleno Consejo Europeo, y levantó ampollas en Bruselas.
En el segundo, sólo año y medio después, nadie sabía que Moncloa se había propuesto definitivamente "diversificar" sus focos geoestratégicos. Ningún presidente español había mirado a Pekín con tanta decisión... y en la UE también sorprendió el desmarque español.
En ese momento, la UE reaccionaba al hundimiento de su industria automovilística, atrapada por las normas medioambientales y el retraso en las tecnologías híbridas y eléctricas respecto a Pekín.
Sánchez rompió el consenso sobre las sanciones a las ayudas de Estado chinas y ofreció a Xi un 'win‑win': fábricas en España, empleo para nosotros y etiqueta "made in Europe" para ellos, que esquivara los aranceles.
El tercero, en 2025, se produjo con Trump ya de vuelta en la Casa Blanca. El republicano no sólo acusó el primer día a Sánchez de comportarse como los BRICS, sino que lo hizo vinculándolo a su reticencia a elevar el gasto en Defensa.
Trump furioso, los ayatolás no
en el contexto actual, en 2026, el cuarto viaje se hace con la crisis de Oriente Próximo como aval frente a un presidente de EEUU que quiere acogotar a Xi, tras cortarle el petróleo venezolano y, en el contexto actual, el iraní. El "no a la guerra" funciona como catalizador interno y sintoniza con el habitual discurso del presidente chino... aunque no con su política de rearme.
Y sobre todo, Sánchez ha logrado la respuesta desde Washington: Trump ha respondido endureciendo su discurso.
Estudia castigar a los aliados de la OTAN que considera "poco colaborativos" en la guerra contra Irán, entre ellos España, y ha deslizado la posibilidad de retirar sus tropas de las bases como Rota o Morón.
Entretanto, el debilitado Gobierno de la República Islámica ha convertido a Sánchez en el líder occidental que más ha elogiado desde que estalló la guerra, con el asesinato del ayatolá Alí Jamenei, el 28 de febrero.
En Teherán se subraya su negativa a apoyar los bombardeos, su rechazo a que Trump use las bases españolas o el espacio aéreo soberano. Esos gestos se traducen en comunicados y declaraciones en los que se le presenta como un líder "valiente" frente a Washington.
La reapertura exprés de la Embajada española en Teherán ha reforzado ese reconocimiento público. Las autoridades iraníes la exhiben como prueba de que el "no a la guerra" tiene efectos concretos.
Y de que hay gobiernos europeos dispuestos a reabrir canales políticos y económicos con Irán en cuanto se abre una rendija para la tregua.
Así que Sánchez aprovecha la oportunidad política, presentándose como "coherente" con sus posiciones ya fijadas con Ucrania y con Gaza.
Es decir, que España se opone a los excesos bélicos de sus propios aliados, defiende el Derecho Internacional humanitario frente a socios históricos y se aproxima a la narrativa de los países que cuestionan el orden global actual.
Albares ya defendió en foros internacionales la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, en sintonía con las demandas de Brasil, India o Sudáfrica, y la diplomacia española ha hecho guiños a la incorporación de nuevas potencias emergentes al centro de decisión global.
Bronca con Netanyahu
En paralelo, la relación con Israel ha sufrido una degradación constante desde el ataque masivo de Hamás del 7 de octubre de 2023.
España reconoció a Palestina, impuso un embargo de armas a Israel y endureció su discurso sobre Gaza, que en el contexto actual equipara a la ofensiva en el sur del Líbano.
— Pedro Sánchez (@sanchezcastejon) April 8, 2026Justo hoy, Netanyahu lanza su ataque más duro contra el Líbano desde que empezó la ofensiva.
Su desprecio por la vida y el derecho internacional es intolerable.
Toca hablar claro:
- Líbano debe formar parte del alto al fuego.
- La comunidad internacional debe condenar esta…
La embajadora israelí fue llamada a consultas, después retirada, y más tarde Moncloa cesó a su propia embajadora en Tel Aviv, dejando la representación en manos de encargados de negocios.
El cruce de mensajes se ha trasladado a las redes. Sánchez ha utilizado X para denunciar la "impunidad" de los ataques israelíes y exigir que la paz incluya también a Líbano, mientras pedía a la UE suspender el acuerdo de cooperación con Israel por violar resoluciones de la ONU y bombardear a la población civil.
Netanyahu y su entorno han contestado presentando a España como un socio "hostil" que ha cruzado la línea de la crítica legítima.
El ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, ha elevado el tono en las últimas semanas. Ha acusado a Sánchez de "tomar partido" contra Israel, de "incitar al odio" y de alinearse con Irán, "de la mano" de un régimen que sigue ejecutando a manifestantes opositores.
La reapertura de la embajada la ha llegado a calificar de una "vergüenza eterna" para España.
La crisis se ha trasladado al terreno. El Ejército israelí llegó a detener durante una hora a un casco azul español de la FINUL en un convoy en el sur del Líbano. Exteriores respondió convocando a la encargada de negocios israelí en Madrid para presentar una protesta formal.
Mientras, los 650 militares españoles desplegados en la misión pasan buena parte de su tiempo refugiados en búnkeres por la intensidad de los bombardeos.
En este escenario, Albares insiste en que España tiene una política exterior "autónoma y con voz propia".
Y efectivamente, así es. Y el acercamiento constante a China responde a esa misma lógica: no seguir automáticamente la línea marcada por Washington o Bruselas.
Sánchez llega así a Pekín con un relato que lo hace incómodo para la OTAN y la UE, pero que encaja en los intereses de Xi: un país de la OTAN que ejerce una disidencia de la disciplina atlántica, que se enfrenta abiertamente a Trump, que desafía a Netanyahu y que busca nuevos equilibrios globales.
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