
La autonomía no es un concepto abstracto, es el resultado de decisiones correctas en la planificación de la ciudad.
La planificación urbana alcanza su verdadero sentido cuando convierte derechos en condiciones reales de uso para todas las personas.
Hay obras que se miden en metros cuadrados. Y hay otras que se miden en la capacidad que tiene una ciudad de funcionar para todos.
La iniciativa de construir un parque sensorial para niños con Trastorno del Espectro Autista en el Parque Mirador Sur representa un paso firme en la evolución del modelo de ciudad que se impulsa en Santo Domingo. No se trata únicamente de un nuevo espacio público, sino de una señal clara de una gestión que entiende la diversidad como un elemento central del diseño urbano.
Durante años, el desarrollo de nuestras ciudades ha estado marcado por esquemas generales que buscaban responder a una mayoría. Hoy, esa visión está siendo superada por un enfoque más integral, donde la planificación reconoce que cada persona vive y percibe la ciudad de manera distinta, y que el rol de la gestión pública es precisamente garantizar que esa diversidad encuentre condiciones adecuadas en el espacio urbano.
En el caso dominicano, este enfoque encuentra respaldo en el marco normativo vigente. La Ley No. 176-07 del Distrito Nacional y los Municipios establece la responsabilidad de los gobiernos locales en la planificación y gestión del territorio, incluyendo la creación de espacios públicos que promuevan la convivencia y el bienestar. De igual forma, la Ley No. 5-13 sobre Discapacidad en la República Dominicana reafirma el compromiso de garantizar accesibilidad e igualdad de condiciones en el uso de los entornos físicos.
Lo relevante en este tipo de intervenciones es que no se limitan a cumplir con la norma, sino que elevan el estándar de lo que significa diseñar ciudad.
Un parque sensorial es, en esencia, una infraestructura pensada desde la experiencia de las personas. Un espacio donde los estímulos, recorridos y elementos están concebidos para acompañar distintas formas de interacción con el entorno. Es una muestra de cómo la planificación puede traducirse en soluciones concretas que impactan directamente la vida de las familias.
Aquí emerge un concepto fundamental: la autonomía.
Una ciudad bien diseñada es aquella que permite a cada persona desenvolverse con independencia, seguridad y dignidad en el espacio público. La autonomía no es un resultado espontáneo; es el producto de decisiones conscientes en el diseño urbano, en la organización del territorio y en la forma en que se estructuran los servicios.
Diseñar la ciudad con criterio de autonomía es fortalecer la capacidad de cada ciudadano de vivirla plenamente.
Este enfoque invita a consolidar una visión de ciudad donde la inclusión no sea una acción puntual, sino un principio transversal que oriente la planificación, el presupuesto y la ejecución de las políticas públicas. Desde las aceras hasta los parques, desde la movilidad hasta el uso de suelo, cada decisión puede contribuir a construir entornos más funcionales y accesibles.
En ese sentido, iniciativas como esta también evidencian el valor de las alianzas público-privadas como herramienta para acelerar transformaciones positivas. Cuando existe una visión clara desde la gestión pública, el sector privado puede sumarse como aliado en la construcción de soluciones de alto impacto social.
Santo Domingo avanza hacia una etapa en la que el orden se traduce en calidad de vida. Una ciudad donde la planificación no solo organiza el territorio, sino que mejora la experiencia cotidiana de quienes la habitan. Una ciudad que incorpora la inclusión como parte de su identidad y que entiende que diseñar para todos es, en definitiva, diseñar mejor.
Porque al final, una ciudad bien planificada no es la que más construye, sino la que mejor funciona para su gente.
Por Giancarlo Vega P.
Regidor del Distrito Nacional
La entrada Diseñar la ciudad para todos: inclusión y autonomía como criterio se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).

