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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Así, concluyó, la Santa Sede , “manteniendo la neutralidad y tratando de sostener relaciones diplomáticas positivas con tantos países diferentes, intenta aplicar el Evangelio a situaciones concretas para que la vida de las personas pueda mejorar”.
En el vuelo que lo llevaba de regreso a Roma, el Pontífice habló, como es habitual, con los periodistas sobre los asuntos de actualidad, empezando por la reapertura del estrecho de Ormuz, una situación confusa en la que “en las negociaciones un día Estados Unidos dice no e Irán sí, y luego lo contrario; no sabemos quién ha creado esta situación caótica, crítica para la economía mundial, pero además hay toda una población en Irán de personas inocentes que están sufriendo por esta guerra”. “Más bien —añadió— quisiera animar a que continúe el diálogo por la paz y que las partes implicadas hagan todos los esfuerzos posibles para promoverla y que se respete el derecho internacional”.
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Evitando responder directamente a Donald Trump, pero preguntado por la represión llevada a cabo por el régimen iraní, que según el presidente él no criticaba, el Papa afirmó que “condeno todas las acciones injustas. Condeno el asesinato de personas. Condeno la pena de muerte”.
Siguiendo con Oriente Próximo, el Pontífice confesó que lleva “de manera constante conmigo la foto de un niño musulmán que, durante la visita al Líbano, estaba allí esperando con un cartel en la mano con ‘bienvenido Papa León’, y que luego fue asesinado en esta primera fase de la guerra”. “Son muchas las situaciones humanas”, subrayó León XIV, reiterando que “múltiples inocentes han muerto”. Para el Papa, es necesario animar a todos a “esforzarse por buscar respuestas que nazcan de una cultura de paz y no de odio”.
“Como Iglesia —lo digo de nuevo—, como pastor, no puedo estar a favor de la guerra. Y quisiera animar a todos a hacer esfuerzos para buscar respuestas que nazcan de una cultura de paz y no de odio y división”.
Respondiendo al tema de la inmigración, el Papa señaló que se trata de una cuestión muy compleja que afecta a múltiples países, no solo a España, no solo a Europa, sino también a Estados Unidos: “¡es un fenómeno mundial!”. Por eso —añadió— su respuesta empieza con una pregunta: “¿qué hace el Norte del mundo para ayudar al Sur del mundo, a esos países donde hoy los jóvenes no encuentran un futuro y, por eso, viven el sueño de querer ir hacia el Norte? Todos quieren ir hacia el Norte, pero muchas veces el Norte no tiene respuestas sobre cómo ofrecerles oportunidades”.
Sobre la represión en Irán, el Papa condena “el asesinato de personas y la pena de muerte”
El Papa añadió que “un Estado tiene derecho a establecer normas en sus fronteras. No digo que todos deban entrar sin orden, creando a veces en los lugares a los que llegan situaciones más injustas que las que han dejado atrás”. Pero, a continuación, planteó una cuestión de fondo: “¿qué hacemos en los países más ricos para cambiar la situación en los países más pobres? ¿Por qué no podemos intentar, tanto con ayudas estatales como con inversiones de las grandes empresas, de las multinacionales, cambiar la situación en países como los que hemos visitado en este viaje?”.
Y advirtió: “África es considerada por mucha gente como un lugar al que se puede ir a extraer minerales, a llevarse sus riquezas para la prosperidad de otros, en otros países. Hay un gran desafío: un país puede decir que no puede acoger a más personas, pero cuando llegan, son seres humanos y merecen el respeto que le corresponde a todo ser humano por su dignidad no tratarlos muchas veces peor que a los animales”.
A la pregunta de si estos viajes pueden acabar blanqueando a líderes autoritarios como Teodoro Obiang, en Guinea Ecuatorial, el Papa respondió que la presencia de un Pontífice junto a cualquier jefe de Estado “puede interpretarse de diversas maneras”. “Puede entenderse —y algunos lo han interpretado así— como si el Papa o la Iglesia estuvieran diciendo que está bien vivir de esa manera. Otros pueden decir cosas diferentes”.
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El Papa quiso volver entonces al sentido de sus viajes: “Me gustaría recordar lo que dije al inicio: el objetivo principal es visitar a las personas”. Y subrayó también “el gran valor que la Santa Sede sigue otorgando, a veces con grandes sacrificios, al mantenimiento de relaciones diplomáticas con países de todo el mundo”.
En ese contexto, explicó que la Iglesia mantiene relaciones “también con países que tienen líderes autoritarios”, lo que permite “hablar con ellos a nivel diplomático, a nivel formal”. “No de manera constante hacemos grandes declaraciones de crítica, de juicio o de condena”, añadió.
Sin embargo, insistió en que existe “muchísimo trabajo entre bastidores para promover la justicia, impulsar causas humanitarias” y afrontar situaciones concretas, como la de “presos políticos” o contextos de “hambre y enfermedad”, buscando soluciones prácticas.
Así, concluyó, la Santa Sede, “manteniendo la neutralidad y tratando de sostener relaciones diplomáticas positivas con tantos países diferentes, intenta aplicar el Evangelio a situaciones concretas para que la vida de las personas pueda mejorar”.




