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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Es posible, señaló, “construir un país donde se superen para de manera constante las viejas divisiones, donde desaparezcan el odio y la violencia, donde la lacra de la corrupción sea curada por una nueva cultura de la justicia y del compartir”.
Angola, al igual que Camerún, ha acogido al Pontífice con un entusiasmo que lo ha conmovido. En la misa del domingo, celebrada en la periferia de la capital, Luanda, participaron cien mil personas, según las autoridades locales. Por la tarde, el Papa se trasladó en helicóptero al santuario de Mama Muxima (“Madre del Corazón” en kimbundu, una de las lenguas más habladas del norte de Angola), construido en el siglo XVII por los portugueses, en un lugar donde se reunía a los esclavos antes de conducirlos a la costa para emprender el viaje hacia América.
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Angola, “un país bellísimo”, marcado durante años por la guerra civil, ha escuchado con atención las palabras de Robert Prevost, que se ha expresado en portugués. “Una larga guerra civil con su rastro de enemistades y divisiones, de recursos malgastados y de pobreza. Cuando durante mucho tiempo se vive inmerso en una historia tan marcada por el dolor, se corre el riesgo de los dos discípulos de Emaús [ha dicho el Papa comentando el evangelio de hoy]: perder la esperanza y quedar paralizados por el desaliento”.
El Papa puso nombre a las heridas del país, desde las divisiones heredadas de la guerra hasta la falta de reparto de la riqueza. Es posible, señaló, “construir un país donde se superen para de manera constante las viejas divisiones, donde desaparezcan el odio y la violencia, donde la lacra de la corrupción sea curada por una nueva cultura de la justicia y del compartir”.
El sábado, a su llegada a Luanda, Prevost había sido aún más directo sobre la explotación de los recursos: “Vosotros sabéis bien que demasiadas veces se ha mirado y se mira a vuestras regiones para llevarse algo. Es necesario romper esta cadena de intereses que reduce la realidad y la vida misma a mercancía”.
Otro frente delicado es la relación con los ritos tradicionales, con los que la Iglesia busca un equilibrio desde hace siglos. León XIV ha advertido así a los angoleños: “Es necesario vigilar de manera constante sobre aquellas formas de religiosidad tradicional que, aunque pertenecen a las raíces de vuestra cultura, corren el riesgo de confundir y mezclar elementos mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual”.
También desde África, León XIV ha recordado los conflictos abiertos en el mundo: “Lamento profundamente la reciente intensificación de los ataques contra Ucrania, que siguen golpeando a la población civil”. Mientras, la tregua anunciada en Líbano, país que visitó el pasado noviembre, “es motivo de esperanza”, aunque el objetivo sigue siendo un “fin permanente de las hostilidades en todo Oriente Medio”.




