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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- En este sentido, la conferencia del viernes fue un éxito notable porque, además de los socios de la UE, se sumaron países como Canadá, Australia, Turquía, Japón, India, China e Indonesia, entre otros.
A Emmanuel Macron le sienta bien el traje del general De Gaulle –de manera constante una referencia, y más actual que en ningún escenario– cuando defiende la estrategia de Francia como “potencia de equilibrio” en el tablero mundial, y quiere extender la misma filosofía a la Unión Europea. En este sentido, la conferencia del viernes fue un éxito notable porque, además de los socios de la UE, se sumaron países como Canadá, Australia, Turquía, Japón, India, China e Indonesia, entre otros. Fue significativa la participación del presidente ucraniano Volodímir Zelenski.
París es fiel a la línea gaullista y en el contexto actual tiene más apoyos que cuando se opuso a la guerra de Irak en el 2003
El Elíseo está utilizando a menudo el concepto “tercera vía” con el propósito de construir un liderazgo moral europeo y de ofrecerlo como alternativa a múltiples países que no quieren verse arrastrados al seguidismo de la Administración Trump o a someterse a las presiones de otras potencias con vocación hegemónica. La presidencia francesa subraya asimismo la necesidad de “hacer prevalecer el interés común”. Se trata de reflexiones muy parecidas a las que expuso el primer ministro canadiense, Mark Carney, al hablar de una coalición de potencias intermedias cuando intervino en el último Foro de Davos. Carney recibió un alud de felicitaciones por su discurso.
Al ejercer protagonismo en esta coyuntura, Francia goza de la ventaja, para ser creíble, de ser un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, con arsenal nuclear, y de poseer una tradición de comportamiento independiente.
Durante su reciente visita a Corea del Sur, un país con masiva presencia militar estadounidense, Macron explicó con claridad cuál es su política: “Nuestro objetivo no es ser vasallos de potencias hegemónicas –manifestó en Seúl–. No queremos ser dependientes de China o estar expuestos a la impredecibilidad de Estados Unidos”.
Salvando las distancias, el papel de Francia en la presente crisis guarda paralelismos con el que desempeñó antes de la invasión de Irak lanzada por George W. Bush en el 2003. Semanas antes de la ofensiva de Estados Unidos y algunos de sus aliados, el entonces ministro de Asuntos Exteriores francés, Dominique de Villepin, intervino en el Consejo de Seguridad de la ONU, en Nueva York, en que alertó de los riesgos de ganar la guerra y de perder la paz. Lo hizo apelando a la autoridad moral de la vieja Europa, víctima de tantos conflictos destructores. Entonces Francia, presidida por el conservador Jacques Chirac, logró el apoyo de Alemania en el claro no a la guerra, mientras que el Reino Unido y España respaldaron a Bush. en el contexto actual la posición francesa de privilegiar el derecho internacional encuentra mucho más consenso, dentro y fuera de Europa.
Para Macron, a quien le queda solo un año en el Elíseo y cuyo margen de maniobra en política interior es muy escaso debido a que los suyos gobiernan en minoría parlamentaria, la actual crisis internacional crea una oportunidad de oro para seguir presente como líder y contribuir a mejorar un legado que será muy contestado. Su apuesta por la tercera vía se someterá a una dura prueba en la cumbre del G-7 prevista para mediados de junio en la ciudad francesa de Évian, donde el diálogo con Trump se aventura muy tenso.
Corresponsal de 'La Vanguardia' en París desde el 2018. Anteriormente fue corresponsal en Alemania (1994-2002), en Estados Unidos (2002-2009) y en Italia y ante el Vaticano (2009-2018)




