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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Israel ha consolidado su presencia militar en el sur del Líbano cuando se cumplen cinco días del frágil alto el fuego entre Hezbolá y Tel Aviv .
De acuerdo con el propio Ejército, el área ha sido dividida en un territorio en el que operan cinco divisiones terrestres, sumándole el apoyo de fuerzas de la Armada israelí. Su objetivo, según las mismas fuentes, es "desmantelar infraestructuras de Hezbolá y prevenir amenazas directas contra las comunidades del norte de Israel" a modo de defensa. El portavoz del Ejército israelí ha ido incluso más allá y ha descrito esta "línea avanzada de defensa [línea amarilla]" como un nuevo perímetro operativo para sus tropas.
En la práctica, sin embargo, supone el afianzamiento del control israelí sobre decenas de aldeas, en su mayoría abandonadas tras más de un mes de bombardeos incesantes sobre la población libanesa. Aunque la aprobación del alto el fuego suponía dar cierto respiro, Israel atacó solo durante el pasado fin de semana varios puntos del sur, alegando la presencia de "combatientes de Hezbolá". Según medios libaneses, estos bombardeos constituyen una "vulneración de la tregua" y podrían tener consecuencias directas en las negociaciones con Irán.
Con los últimos movimientos militares de Israel, la pregunta es si estamos ante el inicio de una nueva fase cuando la violencia ni siquiera ha logrado frenarse del todo. Sin embargo —y con la ampliación del alto el fuego en Irán de forma indefinida— sigue sin estar claro si este despliegue implicará un avance de las tropas más allá de las zonas ya establecidas. Todo esto teniendo en cuenta que el portavoz del ejército israelí ha asegurado que sus fuerzas se encuentran al límite, tras meses de frentes abiertos en Irán, Líbano y Cisjordania.
El propio ministro de Defensa, Israel Katz, defendió que, al finalizar la operación, las Fuerzas de Defensa de Israel "controlarán el área hasta el río Litani", incluidos "los puentes restantes sobre este río" y añadió que todas las viviendas situadas en las proximidades de las aldeas serían destruidas "de acuerdo con el modelo de Rafah y Beit Hanoun en Gaza". En cualquier caso, incluso una presencia a unos diez kilómetros dentro de un Estado soberano supone ya una sustancial escalada y un cambio sustancial del statu quo, al implicar de facto la ocupación de parte de otro país.
Las señales no son positivas para el país. Simon Mabon, profesor de la Universidad de Lancaster y especialista en Oriente Medio, sostiene a El Confidencial que las acciones de Israel de crear zonas de delimitación forman parte de "una dinámica preocupante", ya que considera que puede derivar en un control prolongado del territorio. "Se está normalizando la idea de que la seguridad puede justificar la ocupación de facto", añade.
Una ocupación que, por otra parte, se fomenta por la escasa capacidad del Gobierno libanés para desarmar a Hezbolá, objetivo que comparte con Israel. "Sin una capacidad real del Estado libanés para imponer su soberanía, cualquier plan de desarme es más teórico que práctico", señala. "Da la impresión de que se está ampliando la guerra al conjunto del sur del Líbano", lo que podría configurar una zona ambigua "ni de guerra ni de paz" bajo control israelí, con implicaciones "potencialmente desestabilizadoras" para toda la región. "Ese tipo de espacios grises son los más peligrosos porque no tienen reglas claras ni mecanismos de contención efectivos", sostiene.
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A. A.Todo ello se inscribe en el complejo entramado de la política interna libanesa. Si en 2023 y 2024 el conflicto era percibido por amplios sectores de la sociedad como un ataque a la soberanía nacional —bajo el lema de que "todos somos libaneses"—, el clima social ha comenzado a cambiar. En la actualidad, la fatiga, el hartazgo y la frustración con Hezbolá han ido en aumento y las narrativas en torno al conflicto por parte de los sectores políticos están contribuyendo a profundizar la fragmentación de la sociedad libanesa. Este mismo martes, el presidente del Parlamento libanés (afiliado a la comunidad chií) advirtió de que las fuerzas israelíes desplegadas en el sur del país se enfrentarán a "la resistencia" si no se retiran, algo que choca con las demandas de otros grupos parlamentarios que abogan por terminar con Hezbolá.
Pese a la tregua, Israel ya advertió el mismo día de su anuncio que continuará atacando a Hezbolá si el grupo no se rinde. Fuentes militares citadas por The Jerusalem Post aseguran, además, que el Ejército tiene intención de mantener su presencia de forma indefinida en esa zona y fijar el río Litani como nueva línea de seguridad, salvo que la milicia acceda a desarmarse, algo que no se prevé.
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Alba SanzDesde el inicio, el acuerdo de alto el fuego se sostenía sobre bases muy frágiles. Fue el propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien a través de redes sociales comunicó el cese de las hostilidades tras haber mantenido una conversación telefónica con el primer ministro israelí y el presidente libanés en la que ambos habrían sido invitados a acudir a la Casa Blanca para negociar la paz.
Mientras Benjamin Netanyahu se mostró dispuesto a desplazarse a Washington, desde Beirut no hubo una respuesta clara. De hecho, la Casa Blanca llegó a afirmar que el presidente libanés, Joseph Aoun—cristiano maronita—, había aceptado la tregua, aunque fuentes libanesas matizaron esa versión y señalaron que el Gobierno había rechazado una supuesta llamada con 'Bibi' y evitó confirmar su participación en la mesa de negociaciones.
Más allá de este desencuentro, la ausencia de Hezbolá en las conversaciones evidencia que no se trata de una negociación en la que estén representadas todas las partes implicadas en el conflicto. Aunque en un primer momento la milicia se habría mostrado dispuesta a aceptar el alto el fuego, lo condicionó a un cese total de los ataques en todo el territorio libanés y a la retirada de la libertad de movimiento de las fuerzas israelíes. Sin embargo, incluso tras la entrada en vigor de la tregua, el Ejército israelí lanzó una serie de bombardeos en el sur del país, según informó el diario libanés L’Orient-Le Jour. Una dinámica que Israel también hizo en vísperas de todos los alto el fuego aprobados en Gaza.
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Miguel Flores. JerusalénEn paralelo, Trump afirmó el pasado viernes en redes sociales que había prohibido a Israel llevar a cabo nuevos ataques contra objetivos en Líbano. "Israel tiene prohibido bombardear Líbano a partir de en el contexto actual", aseguró y añadió que Washington trabajará con Beirut por separado para "abordar la cuestión de Hezbolá de manera apropiada". Horas después, el Ejército israelí informó de que más de 250 combatientes habían muerto y que habían localizado y destruido más de 1.000 armas y municiones al sur de la línea de defensa.
Asimismo, las fuerzas israelíes anunciaron este domingo la muerte de un supuesto combatiente armado que habría cruzado la línea y se habría acercado a sus posiciones, lo que, según el Ejército, constituía una "amenaza inmediata" y una violación del alto el fuego.
¿Replicar el 'modelo' de Gaza?La estrategia no es nueva en el historial de Israel. En Gaza, el territorio permanece dividido por otra "línea amarilla", que separa la zona que, según Israel, sigue bajo control de Hamás de otra área administrada por Tel Aviv. Esta línea fue establecida tras la firma del acuerdo de alto el fuego y, hasta hace unos meses, estaba delimitada únicamente por bloques de piedra.
En esa misma semana, el Ejército israelí mató al menos a 11 miembros de una familia palestina y a otros nueve gazatíes que intentaban regresar a sus hogares en el barrio de Zeitún, en la ciudad de Gaza. Según la versión israelí, el ataque se produjo después de que el autobús en el que viajaban cruzara la "línea amarilla", que delimita las zonas bajo control militar. Sin embargo, la versión palestina sostiene que dicha delimitación no estaba claramente definida.
Estados Unidos ha planteado, además, la posibilidad de reubicar a miles de palestinos en el lado israelí de esa línea, una medida que podría profundizar aún más la fragmentación territorial. El plan, bajo el nombre de "Comunidades Seguras Alternativas", contempla la creación de enclaves de población gazatí —seleccionada previamente por Israel— separados del resto del enclave, donde vive la gran mayoría de los habitantes, según fuentes citadas por The Atlantic. En el Líbano, sin embargo, aún no está clara de qué forma podrán regresar a sus hogares los cientos de desplazados en el sur que se vieron obligados a huir.
Según datos de Naciones Unidas, la ofensiva israelí en Líbano ha provocado el desplazamiento de más de un millón de personas, de las cuales más del 80% carece de acceso a algún tipo de refugio. Una eventual ocupación prolongada del sur y la imposibilidad de retorno de la población desplazada podrían derivar en una grave crisis social y política en el país, donde una parte significativa de la población ya vivía en condiciones de pobreza antes del inicio de esta guerra.
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