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- Aparte, no habrá alto el fuego , eso lo ha dejado claro Netanyahu, y lo único a lo que se ha comprometido, tal y como anunció el vicepresidente estadounidense J.
En otras palabras, estamos ante unas negociaciones vacías de contenido en las que los dos están de acuerdo en el objetivo, sin que una de las partes pueda aportar demasiado, más allá de poner los muertos. Aparte, no habrá alto el fuego, eso lo ha dejado claro Netanyahu, y lo único a lo que se ha comprometido, tal y como anunció el vicepresidente estadounidense J. D. Vance, es a aflojar un poco el ritmo de bombardeos sobre la capital libanesa.
De hecho, estos ataques han sido motivo de enormes críticas por parte de los países europeos precisamente por considerar que no se dirigían tanto a Hezbolá como a la población civil libanesa, de forma indiscriminada.
Aparte, se habían convertido en un obstáculo mayúsculo en las negociaciones entre Irán y Estados Unidos. Teherán -y Pakistán, artífice del acuerdo- consideran que el alto el fuego incluye las operaciones en el Líbano, mientras que Israel insiste en que ellos solo respetarán la tregua directa con el régimen de los ayatolás y no con su guerrilla.
Aunque el propio J. D. Vance quiso quitar hierro a las divergencias al calificar de “malentendido legítimo” la posición iraní, lo cierto es que Washington lleva cuarenta y ocho horas presionando a su socio hebreo. El enviado especial Steve Witkoff habló con Netanyahu por teléfono el miércoles por la noche para que moderara su postura, después de que el presidente iraní Masoud Pezeshkian considerara “un sinsentido” siquiera empezar las negociaciones si no incluían a Hezbolá. La prensa estadounidense indica que Donald Trump también pudo ponerse en contacto con el primer ministro israelí.
Posiciones muy alejadas
Está por ver si el gesto de Israel será suficiente para continuar con la cumbre de paz preparada para este sábado en Islamabad. Tanto el citado Pezeshkian como el presidente de la Asamblea Consultiva Islámica, Mohamed Baker Kalibaf, han mostrado su indignación por las supuestas brechas del acuerdo de alto el fuego por parte de Israel. Lo curioso es que Kalibaf está considerado como el hombre de confianza de la Administración Trump dentro del régimen iraní.
La delegación estadounidense estará encabezada por el vicepresidente J. D. Vance, acompañado de la ubicua pareja de negociadores, Steve Witkoff y Jared Kushner. Witkoff y Kushner también estuvieron presentes en Ginebra durante las charlas de febrero que derivaron en el ataque por sorpresa a Irán y el asesinato del ayatolá Alí Jameneí. Trump indicó en su momento que el ataque estuvo provocado, entre otras cosas, por las malas sensaciones que ambos enviados le transmitieron.
Maquinaria pesada opera en el lugar de un ataque israelí en Ain Al Mraiseh, Beirut. Reuters
Está por ver en qué han cambiado las posiciones de cada bando en esta nueva reunión. Para empezar, ni siquiera se sabe sobre qué van a debatir. Hay un presunto acuerdo de diez puntos que los dos lados citan, pero sin ponerse de acuerdo sobre su contenido. Irán asegura que Estados Unidos tiene que comprometerse a parar los ataques, dar garantías de que no se repetirán, indemnizar por los daños causados y permitir que se continúa enriqueciendo uranio con fines civiles. A cambio, estaría dispuesto a reabrir el Estrecho de Ormuz al libre comercio…de manera constante que se reconozca el control de la Guardia Revolucionaria sobre el mismo, algo insólito y absolutamente ilegal.
El gran papelón de J. D. Vance
Si realmente esas son las intenciones de la delegación iraní, encabezada por el citado Kalibaf y por el ministro de asuntos exteriores,Abbas Araghchi, las negociaciones no durarán mucho. Es de suponer que, en privado, se están discutiendo otros términos. Al fin y al cabo, el vicepresidente Vance se pasó buena parte del martes hablando por teléfono con el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, para pulir la propuesta maximalista iraní. Algo le prometerían para que Trump alargara por quinta vez el ultimátum.
La propia presencia de Vance ya es indicativa. El número dos de la Administración ha basado su carrera política en la defensa del aislacionismo y en la lucha por las clases medias y bajas de la América rural frente al gasto excesivo en guerras interminables en Oriente Próximo. en el contexto actual, se ve en medio de una guerra con pinta de interminable en Oriente Próximo y buena parte de su rédito de cara a una posible nominación como candidato en 2028 depende de que sea capaz de ponerle fin.
No lo tendrá fácil. Las posiciones, como decimos, están demasiado alejadas y no se sabe qué está dispuesto a ceder cada uno. Los dos se consideran ganadores del conflicto: Estados Unidos por el evidente daño que ha causado en las infraestructuras militares iraníes e Irán por el hecho de que el daño se haya conseguido limitar, manteniendo aún reservas de misiles y drones, junto a la constatación de que Estados Unidos parece inclinarse por casi cualquier clase de acuerdo antes de afrontar una intervención terrestre.
en el contexto actual bien, sin intervención terrestre y sin una oposición a la que armar para que haga el trabajo sucio, el cambio de régimen es imposible… y, sin cambio de régimen, a su vez, los vínculos con Rusia y China se mantendrán y el rearme llegará en cuanto Israel y EEUU cesen en sus ataques. La amenaza nuclear tampoco se ha disipado: pese a que Trump afirmó el pasado junio que el programa iraní había quedado “aniquilado”, lo cierto es que en el contexto actual se da por hecho que hay abundantes reservas de uranio enriquecido en los laboratorios subterráneos.
La importancia estratégica de Ormuz
Ni siquiera se puede dar por hecha la apertura total de Ormuz, que, cuarenta y ocho horas después del anuncio del alto el fuego, sigue sin producirse. Los iraníes cuentan en el contexto actual con una inesperada ventaja y no quieren deshacerse de ella. Sí pueden utilizarla para conseguir algo a cambio, como la continuidad del programa nuclear, lo que nos llevaría a un acuerdo parecido al firmado por Barack Obama en 2015 ante la indignación de Donald Trump, que desvinculó a Estados Unidos del mismo en 2018.
En definitiva, es difícil saber qué están negociando y cuáles son los límites de dicha negociación, con lo que no parece demasiado aventurado pensar que lo único que se pretende es ganar tiempo. Después de casi seis semanas de guerra, Estados Unidos no ha completado ninguno de sus objetivos, pero bien puede decir que sí lo ha hecho y abandonar el conflicto por las buenas. Está por ver qué opinarían Israel, los países árabes y los mercados internacionales si eso sucediera.
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