En medio de la tormenta de dudas que suscita la tregua de 15 días en la guerra de Irán, emergen algunos detalles de la estrategia fracasada de
Donald Trump antes de llegar al ultimátum y el acuerdo de última hora. Una de las líneas de actuación pasaba por la colaboración de la CIA y el Mossad israelí con el movimiento armado de los kurdos iraníes, una etnia que lucha por la autonomía política –como ya consiguieron sus pares en Irak– y que comprende al 10% de la población iraní, estimada en unos
90 millones. El motivo real de la ruptura de EE. UU. con los kurdos –según la agencia Reuters, Trump afirmó a bordo del
Air Force One que «ya no cuenta con ellos»– es confuso. Los líderes kurdos iraníes, refugiados en la región autónoma vecina de Irak, afirman que las órdenes recibidas para atacar a las fuerzas de Teherán «no son claras». El presidente norteamericano tiene otra lectura: los kurdos son una minoría étnica frente a la mayoría persa que solo se preocupa por su independencia y no por el futuro de Irán en su conjunto. Como muestra de esa convicción, los analistas recuerdan que el día sexto de la guerra Trump afirmaba que «contar con los kurdos sería maravilloso», para pocos días después estallar en cólera contra sus dirigentes porque «se apropiaron de las armas que les enviamos» para que se fueran repartidas entre la población civil que se levantaba contra los ayatolás. «Pagarán por ello», añadió el presidente norteamericano, en unas declaraciones que hizo esta semana a la cadena Fox. El pasado mes de enero, durante las manifestaciones de protesta contra el régimen teocrático que se extendieron por todo Irán,
Donald Trump afirmó públicamente que «la ayuda está en camino», y pidió a los que protestaban que tomaran la calle y las instituciones. La respuesta fue una represión sin precedentes por parte de las fuerzas policiales y paramilitares del régimen, que dejó miles de muertos y decenas de miles de presos políticos. Trump dejó de alentar a los civiles a que salieran a las calles, y semanas después lanzó la guerra contra Irán en compañía de Israel. La retirada del plan para contar con los kurdos es, también, consecuencia de la presión de Turquía –teórica aliada de EE. UU. en la OTAN–, a quien los dedos se vuelven huéspedes cada vez que Washington menciona la ayuda a esa etnia, una de las pocas del mundo que no cuenta con un Estado como la árabe-palestina. Una de las milicias kurdas más activas en favor de la independencia es la turca. Los kurdos –una etnia con lengua y cultura propias, y seguidora de un islam muy moderado– están presentes en cuatro países de la región: Turquía, Irak, Irán y Siria.