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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Basta que caigan «dos gotas» de agua para que algo cambie no solo en el ambiente, también en el apetito.
Para múltiples, esto es simplemente es cultura dominicana, pero la ciencia tiene una explicación para esto. Especialistas coinciden en que el clima frío o húmedo provoca que el cuerpo busque alimentos que aporten calor y energía rápida.
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Según una publicación de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la Universidad Autónoma Nacional de México (UNAM) en 2024, al bajar la temperatura ambiental el cuerpo quema reservas de grasa para mantenerse caliente, las cuales deben ser repuestas con carbohidratos y grasas.
También destacan que, al consumir alimentos calientes como el chocolate, “es normal sentirse felices, pues se libera dopamina, y serotonina”.
Además, la lluvia suele invitarnos a quedarnos en casa, bajar el ritmo y descansar, lo que abre la puerta a complacer antojos reconfortantes.
En las mañanas, el antojo principal suele ser un chocolate o una avena caliente con pan, ¿Qué más se puede pedir en ese momento? Dulce, caliente y espeso, es un como un abrazo líquido que nos lleva un viaje por la nostalgia y los recuerdos mientras escuchamos la lluvia caer.
A la hora del almuerzo, pues obviamente encabeza la lista el sancocho. Un platillo que no solo calienta el cuerpo, también el alma, pues activa la nostalgia, los recuerdos de la cocina de la abuela, y esos días de la infancia, cuando la gripe atacaba y mamá nos consentía.
Así que, al final la lluvia no solo transforma el paisaje, también redirecciona nuestros deseos y rutinas. Nos recuerda que entre aromas, así como en el dulzor del chocolate y en el vapor de la sopa, se encuentra un lugar confortable como algodón, que hace los días grises más llevaderos.







