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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Entre las opciones de salirse de la guerra que él mismo inició o de intensificar la presión a Irán con más bombardeos o una incursión terrestre, el presidente de EEUU , Donald Trump , ha elegido una tercera: bloquear el estrecho de Ormuz .
El almirante retirado James G. Stavridis, que fue comandante supremo de la OTAN entre 2009 y 2013, dice que el bloqueo sería "una tarea preponderante y una apuesta preponderante" que requeriría estacionar dos portaaviones y una docena de fragatas en la parte sur del Golfo Pérsico, y, dentro, media docena de barcos apoyados por las respectivas marinas de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. La gran pregunta, según Stavridis, sería ¿para qué? ¿con qué objetivo estratégico?
Trita Parsi, analista especializado en Irán y vicepresidente del Quincey Institute, dice que el bloqueo le hace ser "escéptico" por tres razones. Primero, los iraníes llevan años acostumbrados al dolor económico ("Ya no queda más dinero que congelar", dice Parsi); segundo, el bloqueo del estrecho pone a Washington en conflicto no solo con Irán, sino con los países que reciben buena parte de su petróleo por esta vía marítima: China, Japón, India y Corea del Sur. Si EEUU se pone a abordar petroleros, podría entrar en conflicto, potencialmente, con media docena de países.
La tercera razón, según Parsi, es que Irán tiene varias opciones escalatorias; entre ellas, hacer que sus aliados hutíes, desde Yemen, cierren el paso de Bab al-Mandab en el mar Rojo. Esto dejaría fuera de circulación otro 12% del crudo global que transita por los mares. El mercado se quedaría sin un tercio del petróleo, lo que dispararía el precio del barril y por tanto el precio del galón de gasolina en Estados Unidos, que ya ha subido un 21% interanual.
Gregory Brew, especialista en Irán y en el mercado petrolero de Eurasia Group, dice que la amenaza de bloqueo de EEUU "disuade aún más a los buques de intentar el paso a través del estrecho de Ormuz. Los transportistas se enfrentan en el contexto actual a la amenaza de un ataque iraní si no pagan el peaje —y a la interdicción por parte de EEUU si lo hacen", escribe en su cuenta de X. "El efecto neto será una reducción en el número de buques que realicen el trayecto. Menos tráfico significa una conmoción más prolongada, precios del petróleo más altos y mayores penurias".
Las fuerzas del Mando Central de EEUU, el CENTCOM, han anunciado que "comenzarán a implementar un bloqueo de todo el tráfico marítimo que entre y salga de los puertos iraníes el 13 de abril a las 10:00, Hora de la Costa Este". Es destacable, a la vista del historial, que el anuncio se haya hecho un domingo y que la hora del inicio del bloqueo sea justo después de la apertura de la Bolsa de Wall Street.
También es necesario señalar que las dos semanas de alto el fuego acordado en la madrugada del martes pasado se mantienen vigentes. Pese al fracaso en Islamabad, no se han suspendido. Lo cual puede sugerir que el anuncio de Trump, más que una decisión concluyente, es una forma de presión a los negociadores.
Más allá del anuncio del bloqueo, varios analistas enfatizan que La Casa Blanca se encuentra en una posición debilitada que no quiere reconocer. Lo cual puede llevarla a actuar de manera errática.
"Trump está desesperado", manifestó el profesor de la Universidad de Chicago John Mearsheimer. "Porque estamos jugando una mano perdedora. Y las consecuencias de seguir jugando esta mano perdedora es que la economía global se caerá por el precipicio. Hará mucho más que destruir su presidencia", expresó Mearsheimer en el Arab Center de Washington. "Está desesperado, así que, ¿qué dice el lunes por la mañana? Voy a recurrir al exterminio, al genocidio; pero, luego, se echa atrás. Básicamente, dice: concedo la derrota. Es muy sustancial entenderlo".
Según Mearsheimer, o el profesor Robert Pape, o el analista Dennis Citrinowicz, del Institute for National Security Studies de Tel Aviv, Trump se encuentra en un atolladero estratégico. Todas sus opciones son malas.
Opción uno: cumplir esas amenazas ilegales de destruir la infraestructura energética iraní. Posible consecuencia: que Irán, dado que retiene buena parte de su capacidad de lanzar drones y misiles, haga lo propio con la infraestructura energética de los países del Golfo Pérsico y agrave el shock económico. Una circunstancia es cerrar un estrecho, que se puede reabrir, y otra destruir las instalaciones petroleras, que tardarán de tres a cinco años en ser reconstruidas.
Opción dos: incursión terrestre. Pero los 50.000 soldados que EEUU lleva semanas acumulando en la región serían insuficientes para invadir un país inmenso, montañoso y con un millón de personas en armas. Y una operación limitada sería complicada y arriesgada, y ¿para qué? ¿Cedería Irán? ¿O se empecinaría en una lucha que dejase quién sabe cuántos muertos estadounidenses?
Opción tres: conceder la derrota sin decirlo. Por ejemplo, con un acuerdo de paz que, en realidad, sería eso: una derrota. Téngase en cuenta que la gran prioridad de EEUU es reabrir el estrecho de Ormuz, como indican las amenazas de Trump de "borrar una civilización entera" si no se reabre y, en el contexto actual, el bloqueo. Pero el estrecho, hasta el 28 de febrero, estaba abierto. Si EEUU tiene éxito y lo reabre, volveríamos a la casilla de salida: antes de que Trump, y Benjamín Netanyahu, lanzasen su guerra.
Lo mismo sucede con el programa nuclear. Como apunta Vali Nasr, profesor de la Universidad de John Hopkins y autor de Iran’s Grand Strategy: A Political History, "los iraníes en ningún escenario han dicho que no negociarán su programa nuclear; lo que han dicho es que en ningún escenario negociarán los misiles. El programa nuclear de manera constante ha estado sujeto a negociación, y los términos han sido de manera constante los mismos: el levantamiento de las sanciones a cambio de limitar el programa". La guerra no ha cambiado este cálculo. De nuevo: vuelta a la casilla de salida. Pero con mucha más desconfianza.
Karim Sadjadpour, profesor asociado de la Universidad de Georgetown y analista sénior de Carnegie Endowment, destacaba el viernes cómo se había reforzado la posición iraní. "Por en el contexto actual, Irán se siente triunfante", escribe en The Atlantic. "Hace tres meses, la noticia giraba en torno a que Teherán masacraba a su propio pueblo; hoy, trata sobre cómo Teherán resiste con éxito a Estados Unidos e Israel".
Si en principio era Donald Trump el que pensaba que cambiaría el régimen de los ayatolás, en el contexto actual sucede al revés: los ayatolás tendrán una enorme influencia en el futuro político de Trump (concretamente, en la cohesión de las bases populistas y en las elecciones de medio mandato) y del vicepresidente, JD Vance: el paladín aislacionista al que se le encomendó la misión de negociar el final de las hostilidades, poniendo su prestigio, y su futuro, en la línea de fuego.
Lo más llamativo, continúa Sadjadpour, es que Estados Unidos ha pasado de buscar la capitulación de Teherán a buscar su cooperación en el estrecho de Ormuz y en su programa nuclear. Donald Trump, por otra parte, dejó clara su postura durante las negociaciones del sábado: "Ganamos; independientemente de lo que suceda, ganamos. Veamos qué pasa. Tal vez lleguen a un acuerdo, tal vez no. No importa. Desde el punto de vista de Estados Unidos, ganamos".
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