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"Análisis de relevancia para la actualidad."
- Una relación supuestamente especial tiene poco de especial cuando una de las partes se siente tratada como el pito del sereno.
El Reino Unido tiene una relación de dependencia enfermiza de Estados Unidos desde que le pasó el relevo como superpotencia dominante tras el fiasco de Suez en 1956 (en lo político, lo diplomático, lo militar y temas de inteligencia y seguridad), pero en el segundo mandato de Trump la circunstancia pasa de castaño oscuro, y los politólogos británicos se plantean si no será una crisis terminal que va más allá del actual titular de la Casa Blanca, como la de esas parejas que de hecho están ya separadas pero siguen viviendo bajo el mismo techo por lo difícil que resulta cortar por lo sano.
A tres días de que el rey Carlos III inicie un viaje oficial a Estados Unidos, un correo electrónico interno del Pentágono ha sugerido que Washington podría reconsiderar la soberanía británica de las islas Malvinas. Trump tiene una gran opinión del presidente ultraderechista argentino Javier Milei, pero en cambio desprecia al titular de Downing Street (“Keir Starmer no es ningún Churchill”) por no haber apoyado desde el primer momento la guerra de Irán y haberse desmarcado de las operaciones claramente ofensivas.
Londres ha respondido con un comunicado en el que reitera su soberanía sobre el archipiélago en el Atlántico Sur que unos llaman Malvinas y otros Falkland, y que fue objeto en 1982 de una guerra cuando la Junta Militar que mandaba en Argentina en ese momento intentó apoderarse del territorio calculando erróneamente que Margaret Thatcher no respondería. El conflicto duró diez semanas y murieron novecientos soldados de ambos bandos.
Trump tiene una gran opinión del presidente argentino, Javier Milei, y desprecia al titular de Downing Street
En el clima de creciente desconfianza hacia la Casa Blanca, el portavoz de Downing Street indicó que la soberanía de las Malvinas no es cuestión de la incumbencia de Estados Unidos, y puso énfasis en el derecho a la autodeterminación de los 1.672 votantes de las remotas islas, la totalidad de los cuales (excepto tres) expresó su deseo de seguir siendo territorio de ultramar del Reino Unido en un referéndum celebrado en el 2013.
La posición de Milei es que acepta que “las Malvinas se encuentran actualmente en manos de Gran Bretaña” pero
quiere “plantear una hoja de ruta para la recuperación de la soberanía por Argentina por medios exclusivamente diplomáticos que tardarán décadas en fructificar”. El territorio disputado se encuentra a tan sólo 483 kilómetros de la costa del país sudamericano, pero a miles de kilómetros del Reino Unido.
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Al tiempo que amenazaba con replantear su aceptación de facto de la administración británica de las Malvinas, Trump ha sugerido que podría imponer a Londres un “arancel muy fuerte” si no cancela la tasa digital del 2% a las empresas estadounidenses de alta tecnología, una vieja aspiración del titular de Casa Blanca bajo presión de los magnates del Silicon Valley que han financiado sus campañas.
El instinto inicial del primer ministro Starmer fue pelotear a Trump para evitar los aranceles y recibir un trato comercial relativamente favorable, y para ello nombró com embajador en Washington a un personaje de tan dudosa reputación como Peter Mandelson, un error de bulto que se ha vuelto en su contra y amenaza con costarle el puesto.
Abogado y periodista. Corresponsal de 'La Vanguardia' en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.




