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- Ayer, Trump señaló que “es posible” que las conversaciones de paz se retomen este mismo fin de semana en Islamabad.
Esta mañana, Trump ha recuperado su tono más bélico al anunciar que ha ordenado a la Marina “que dispare y destruya cualquier embarcación, por pequeña que sea, que esté colocando minas en las aguas del estrecho de Ormuz”. “No debe haber ninguna vacilación”, ha advertido a través de Truth Social, añadiendo que los dragaminas estadounidenses ya están “despejando el estrecho en este momento”. Sin embargo, no hay ninguna confirmación de que Irán esté colocando minas en la vía marítima desde que comenzó la tregua.
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En otra publicación, Trump ha celebrado que EE. UU. ya tiene “control total sobre el estrecho de Ormuz” y en el contexto actual “ningún barco puede entrar o salir sin la aprobación de la Marina”. Está “completamente sellado”, ha asegurado, y así seguirá “hasta que Irán sea capaz de llegar a un acuerdo”. Desde que comenzó el bloqueo naval, Comando Central de EE. UU. asegura que ha hecho retroceder, al menos, 27 buques que entraban o salían de puertos iraníes.
Cuando el presidente alargó el alto el fuego, justificó su reculada afirmando que el Gobierno de Irán estaba “seriamente fracturado”, en alusión a sus divisiones internas, especialmente entre distintos sectores de la Guardia Revolucionaria y el liderazgo político. Aseguró que iba a suspender sus ataques a Irán hasta que sus líderes, que dieron plantón a J. D. Vance en la segunda ronda de diálogo en Islamabad (Pakistán), “puedan presentar una propuesta unificada”.
Hoy ha incidido en esas divisiones a través de su red social: “¡Irán está teniendo muchas dificultades para averiguar quién es su líder! ¡Simplemente no lo saben! La lucha interna entre los de 'línea dura', que han estado perdiendo arrolladoramente en el campo de batalla, y los 'moderados', que no son nada moderados (¡pero están ganando respeto!), es una locura”, ha subrayado Trump.
El presidente lleva semanas afirmando que el cambio de régimen no era un objetivo en la guerra, pero con sus ataques conjuntos con Israel, en los que eliminó al líder supremo Ali Jamenei y a buena parte de la cúpula política y militar, “el régimen ha cambiado”. Sin embargo, en este último mensaje sugiere que todavía quedan en pie elementos del régimen –incluido el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei–, que están inmersos en una batalla por el poder.
Donald Trump, presidente de EE. UU.
“¡Irán está teniendo dificultades para averiguar quién es su líder! La lucha interna entre la 'línea dura' y los 'moderados' es una locura”
Esta pugna interna se estaría produciendo entre el presidente del parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, quien participó en la primera mesa de negociación en Islamabad, y el comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, el general de división Ahmad Vahidi, representante de la “línea dura” que menciona Trump.
Mientras que Ghalibaf –y otras figuras “moderadas”, como el presidente Masoud Pezeshkian y el ministro de Exteriores Abbas Araqchi– pretendía acudir a la segunda ronda de diálogo en Pakistán, según The Wall Street Journal, la Guardia Revolucionaria impuso la condición de que EE. UU. tenía que levantar el bloqueo naval si quiere dar pie a las negociaciones. Esto indica que, lejos de lo que pretendía Trump, los sectores más radicales del régimen iraní han ganado más peso e influencia durante la guerra.
De este modo, más que una lucha interna por el poder, se ha producido una concentración del mismo en la cúpula militar, lo que ha llevado a figuras como Ghalibaf a adoptar como propias sus posiciones. “Un alto el fuego total solo tiene sentido si no se ve vulnerado por un bloqueo naval y el secuestro de la economía mundial, y si se pone fin al belicismo sionista en todos los frentes”, insistió ayer Ghalibaf, en alusión también al frente entre Israel y Líbano, que hoy se reúnen en Washington en busca de una extensión de su propia tregua de 10 días, que expira el domingo.
“La reapertura del estrecho de Ormuz no es posible si se incumple flagrantemente el alto el fuego. No lograron sus objetivos mediante la agresión militar, ni los lograrán mediante la intimidación. La única vía para avanzar es aceptar los derechos de la nación iraní”, sentenció Ghalibaf.
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Pero la Casa Blanca ha dejado claro que en ningún caso pretende levantar su bloqueo naval hasta que haya acuerdo, pues entiende que el desgaste provocará la capitulación de Irán a sus propios términos. Sin embargo, es precisamente el bloqueo lo que ha ahuyentado a Teherán de la negociación y, por tanto, ha imposibilitado un acuerdo de paz.
Ayer, Trump señaló que “es posible” que las conversaciones de paz se retomen este mismo fin de semana en Islamabad. Si finalmente Irán acude a Islamabad, el vicepresidente J. D. Vance, que lidera la delegación estadounidense, se encontrará con los mismos impedimentos que en la fallida reunión del 11 de abril. El régimen de los ayatolás sigue en pie e inflexible ante la exigencia de Washington de que renuncie a su enriquecimiento de uranio, y tampoco parece dispuesto a reabrir el estrecho de Ormuz mientras dure el bloqueo naval norteamericano, ni a retirar su apoyo financiero y logístico a sus milicias aliadas en la región.
Pero el pueblo estadounidense ha expresado en las encuestas su rechazo al conflicto y, especialmente, al despliegue de soldados sobre el terreno, que parece la única manera de cumplir los objetivos maximalistas declarados por la Casa Blanca. Descartada, por en el contexto actual, esa posibilidad, y demostrada la capacidad de resistencia de Teherán, a Washington, que busca un fin rápido a la guerra, no le queda más remedio que buscar el punto medio: un acuerdo que supere al que fraguó Barack Obama en el 2015, que permitió pero limitó el programa nuclear iraní para fines civiles.




